Martes, 15 de septiembre de 2026
Actualidad y noticias, al instante
Entretenimiento /

El conjuro que no se apaga: por qué Prácticamente magia 2 deja la puerta entreabierta a una tercera entrega

La secuela de la película de 1998 resolvió la maldición de las hermanas Owen y la amenaza del pariente Tom Bailey, pero los arcos de Gillian y de las más jóvenes quedaron suspendidos. Una mirada al desenlace y a los hilos que aún piden continuidad.

Por Ignacio SayagoCultura y folclore · 14 de septiembre de 2026 · hace 1 h

El redoble del bombo suena otra vez en el patio de la casa Owen, esa casona de Massachusetts que ya quedó en el imaginario de medio mundo. Vuelvo a sentarme frente a la pantalla con la misma expectativa con la que mi vieja esperaba cada domingo la novela de la tarde: con mate en mano y la certeza de que algo importante va a pasar. Y pasa. La segunda parte de Prácticamente magia llega casi tres décadas después del estreno original y, lejos de conformarse con repetir la fórmula, se anima a cerrar viejas heridas y, al mismo tiempo, a abrir otras que todavía piden palabra.

Un villano de casa y una maldición de siempre

La amenaza, esta vez, no viene de afuera: se llama Tom Bailey, un pariente lejano sin un gramo de magia en la sangre que se presenta con la carpeta al día y los dientes apretados, dispuesto a quedarse con el libro de hechizos para arreglar cuentas propias. El muchacho quiere lo que no le corresponde, y las Owen se lo hacen saber con un conjuro colectivo que funciona como escarmiento público. Pero el verdadero peso de la historia se juega en paralelo, también en Massachusetts, donde Frances descubre lo que venía sospechando desde la primera película: la única manera de cortar la maldición que pesa sobre las mujeres de la familia, esa condena tremenda de llevarse puestos a los hombres que aman, es entregando algo a cambio.

“Frances entiende que la libertad de las Owen no llega gratis, y elige pagar el precio que ninguna de las otras estaba dispuesta a discutir.”Ignacio Sayago

Después del conjuro, la reconstrucción

  • Las dos jóvenes de la casa empiezan a asomarse a sus propios poderes, todavía con la torpeza de quien prueba las primeras notas en un violín recién encordado.
  • Kylie se casa con Gideon, el novio que permanecía en coma y que despierta cuando Frances concreta el sacrificio personal que rompe la maldición.
  • Sally retoma su vida de la mano de Ian, un personaje nuevo que se suma en esta entrega y que le devuelve a la hermana mayor algo parecido a la calma.
  • La película cierra sin escena poscréditos: no hay guiño escondido ni truco de productor, pero el corazón del relato queda latiendo en otra frecuencia.

Mi abuela decía que las cosas importantes nunca se dicen del todo en la primera sentada, y algo de eso tiene este final. El desenlace ata el nizo central de la franquicia, la maldición sobre los hombres Owen, y deja a la familia de pie, con el taller funcionando y las velas otra vez encendidas. Pero deja afuera dos frentes que pesan: por un lado, el arco de Gillian no termina de cerrarse del todo; por el otro, las chicas más jóvenes apenas empiezan a tantear qué quieren hacer con esa herencia mágica que les cayó encima sin manual de instrucciones, empezando por el negocio familiar que las identifica en el pueblo.

Por qué la conversación sigue abierta

No se trata de un cliffhanger de manual, de esos que cortan con un cuchillo y dejan al espectador pateando la butaca. Es algo más sutil: la película resuelve lo que tenía que resolver, pero deja en el aire lo que viene después. Y en un contexto donde la entrega original se reencontró con el público gracias a las plataformas de streaming, donde una generación que no había nacido en 1998 la descubrió de grande, la posibilidad de una tercera parte deja de ser un capricho de fans y pasa a ser una conversación de escritorio. ¿Hacen falta más películas? ¿O alcanza con el cierre actual? Como en toda peña bien servida, la pregunta no se contesta de entrada: se discute con un asado de por medio, una guitarra cerca y la promesa de volver el fin de semana a seguir tirando del hilo. Allí estaré, como siempre, del lado de la mesa que le toca al público.

IS
Ignacio SayagoCultura y folclore

Te puede interesar