"El clan de hierro": la maldición de los Von Erich llegó a Prime Video y hay que verla hasta el domingo
Dirigida por Sean Durkin y con Zac Efron, Harris Dickinson y Jeremy Allen White, la película reconstruye la historia real de una dinastía de la lucha libre estadounidense marcada por la gloria y la tragedia. Disponible en Amazon Prime Video, pasó por cines con una recaudación de 45 millones de dólares.
Les confieso algo de entrada: yo nunca fui un fanático de la lucha libre, ni siquiera en aquellas tardes de infancia en que el ruido del televisor se mezclaba con el repiqueteo de las cucharas contra los mates en el patio de casa. Pero hay historias que terminan alcanzándote aunque no las hayas buscado, y la de los Von Erich es una de esas que se pega al lado del corazón y no se va más. Por eso me alegré cuando supe que "El clan de hierro" -ese film que sacudió las salas de cine y que ahora se metió en la grilla de Amazon Prime Video- estaba al alcance de la mano, listo para verse una y otra vez, sobre todo de cara a una peña de domingo donde siempre cae bien una conversación larga después de un buen asado.
La película está dirigida por Sean Durkin y reconstruye, con pulso de drama deportivo clásico, la biografía de la familia Von Erich, una dinastía de luchadores profesionales que conmocionó a los Estados Unidos durante los años ochenta. El punto de partida es sencillo y a la vez demoledor: Fritz Von Erich, el patriarca, no quería campeones. Quería máquinas. Frustrado por no haber alcanzado él mismo la gloria que soñaba dentro del cuadrilátero, volcó esa ambición inconclusa en sus hijos y los empujó, uno tras otro, a sostener un apellido que empezó a pesar más que cualquiera de ellos.
Un drama familiar por encima de la lucha libre
Lo que Durkin pone en primer plano no es tanto el espectáculo de la lucha libre ni la coreografía de sus golpes, sino lo que pasaba dentro de la casa de los Von Erich. La presión de un padre que miraba a sus hijos como extensiones de su propia frustración, la culpa de no poder darle al viejo la victoria que él nunca consiguió, el peso de un legado que se transmitía como una mochila demasiado pesada. En ese sentido, la película se parece más a un drama de carne y hueso de esos que se ven despacio, con el café en la mano, que a una sucesión de escenas de acción.
- Zac Efron interpreta a Kevin Von Erich, el mayor de los hermanos, en una actuación que le demandó una transformación física notable para alejarse de su imagen previa.
- Harris Dickinson se mete en la piel de David Von Erich, el hijo dorado de la familia, cuya muerte temprana es una de las heridas centrales del relato.
- Jeremy Allen White compone a Kerry Von Erich, con otro cambio corporal extremo que da cuenta del rigor con el que se tomó el elenco las transformaciones exigidas por los papeles.
- El protagonista de "Shameless" y de "The Bear" consolida con este rol su lugar como uno de los actores camaleónicos de su generación.
El arranque del film es toda una declaración de intenciones: Durkin elige abrir con una fotografía en blanco y negro que recuerda a los grandes dramas deportivos del cine clásico, ese linaje que va desde "El ídolo" hasta "Rocky", antes de virar hacia una estética completamente ochentera. Laca, luz artificial, ruido analógico, peinados que parecen sacados de una foto de la revista del domingo: cada elección visual integra el relato en su época y le da a la película ese barniz de nostalgia que a los que ya peinamos algunas canas nos toca de cerca.
Una de las escenas que más se me quedaron en la memoria es la primera vez que Kevin Von Erich entra al ring ante la mirada enorme de su padre. No hay truco, no hay edición veloz: hay un pibe de Texas intentando cargar con todo el peso de un apellido, y un hombre mayor, en las gradas, que nunca termina de estar conforme. En esa mirada cruzada está, me animo a decir, el corazón entero del film. Y uno entiende, desde ese instante, que la tragedia no va a ser una sorpresa, sino casi una condición del relato.
Conviene aclarar algo: "El clan de hierro" no es la clase de película que rompe el molde del género ni pretende reinventar el drama familiar. Es una propuesta sólida, efectiva, bien interpretada, construida sobre hechos reales que no necesitan adornos para conmover. Recaudó 45 millones de dólares en su paso por salas y cosechó elogios de la crítica especializada, que celebró sobre todo el trabajo físico y emocional de su elenco. Quienes busquen una joyita oculta probablemente la disfruten igual, y quienes se acerquen esperando fuegos artificiales encontrarán otra cosa: un film que se toma en serio a sus personajes y no les escatima el dolor.
Como me dijo una vez un abuelo sentado en un banco de plaza, mientras miraba a los chicos correr: "La familia se banca todo, hasta lo que no debería bancar". Esa frase me volvió a la cabeza mientras veían los créditos finales de "El clan de hierro". Hay en la película de Durkin una pregunta que no se hace en voz alta, pero que sobrevuela cada plano: ¿se puede querer a un hijo y a la vez usarlo como herramienta para arreglar la propia historia? La respuesta que da el film es, a mi modo de ver, profundamente humana. Y justamente por eso, les digo, vale la pena acomodar el sillón, pedir un corte de Bondi y darle play este finde. Después, si quieren, nos cruzamos en la peña y la charlamos con un par de músicos del barrio, que siempre hay uno que se acuerda de un primo que fue a ver una función de catch en los ochenta y vuelve con la historia más grande de lo que era. Buen domingo, y buen película.
