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Jueves, 15 de octubre de 2026
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El caso real de un hombre que tomó un rehén para hablar por televisión vuelve a la pantalla, ahora en streaming

Gus Van Sant reconstruye la historia de Tony Kiritsis, un hombre común que en 1972 decidió vengarse de un sistema que lo había dejado sin nada. Bill Skarsgård interpreta al protagonista en una película que ya se puede ver en Movistar Plus.

Por Ignacio SayagoCultura y folclore · · hace 1 h
El caso real de un hombre que tomó un rehén para hablar por televisión vuelve a la pantalla, ahora en streaming

Hay historias que empiezan con el ruido de una puerta abriéndose y terminan con el murmullo de un país entero mirando una pantalla. Esta empieza con un bombo de piernas abiertas en el medio de un banco: un hombre común, Tony Kiritsis, entra a la sede donde alguna vez le habían prometido un crédito y termina secuestrando al hijo del dueño con un dispositivo que parece de taller de barrio pero que tiene la precisión suficiente como para que nadie se anime a hacer un movimiento en falso. Lo que sigue es una de esas cosas que parecen exageradas y sin embargo son ciertas: lo que Kiritsis quería no era dinero, era que lo dejaran hablar por televisión nacional. Hace falta tener una desesperación muy grande para creer que la única manera de ser escuchado es poner un cable alrededor del cuello de alguien.

A esa historia se subió Gus Van Sant, un director que conoce el paño de los márgenes norteamericanos. Van Sant es de los que filma a gente que se cae del sistema y la deja en cuadro sin moralina ni bajada de línea, mostrándola con la misma dignidad con que uno mira a un abuelo sentado en una plaza. Lejos quedaron sus tiempos del protoperiodismo indie con Matt Dillon en Drugstore Cowboy; acá el tono es más clásico, de thriller de los setenta, cuando la tensión se sostenía con elipsis y con la cara de los actores, no con explosiones.

Bill Skarsgård como un antihéroe de clase media

El peso de la historia lo lleva Bill Skarsgård, actor sueco que viene de meterle miedo al mundo con Pennywise y que acá cambia la máscara de clown por la de un hombre de traje gris que huele a derrota. Su Tony Kiritsis no es un villano ni un héroe: es alguien que se hartó, como se harta cualquiera que haya ido a un banco con un proyecto en la cabeza y haya vuelto a su casa con las manos vacías. Skarsgård compone un tipo que se va endureciendo de a poco, casi sin que el espectador lo note, mientras negocia con la policía y con la cámara al mismo tiempo.

  • La película reconstruye el caso real de Tony Kiritsis, ocurrido en Indianápolis en 1972, cuando un hombre tomó como rehén al hijo de un banquero para exigir reparación económica y aire en televisión nacional.
  • El dispositivo que usó era rudimentario pero letal: una trampa con cable que se accionaba si alguien intentaba forcejear.
  • La dirección corre por cuenta de Gus Van Sant, realizador de filmes como Todo por un sueño y Mi nombre es Harvey Milk, y vuelve a poner el foco en personajes que chocan contra las reglas del sistema.
  • El protagónico es de Bill Skarsgård, actor sueco con trayectoria tanto en el terror (la saga de It) como en el drama, que encarna a Kiritsis con una mezcla de cálculo y fragilidad.
  • El cierre incorpora música de Gil Scott-Heron, un guiño político que le da al desenlace un tono casi de manifiesto sin salir del registro del thriller.
  • Presupuesto estimado por debajo de los 15 millones de dólares y una recaudación en salas de apenas 3,8 millones, lo que la dejó afuera del circuito masivo y la empujó al streaming.

El film ya está disponible en Movistar Plus, después de un paso por las salas que fue más bien tibio: arrancó con un presupuesto bajo para los estándares norteamericanos y terminó con una recaudación discreta. Pero las plataformas, que de tanto en tanto funcionan como esa segunda oportunidad que no siempre te da la vida, le abrieron la puerta al público. Ahí aparece la pregunta de siempre, la que nos hacemos cada vez que un estreno llega directo al sillón: ¿le queda mejor al cine con intención de autor el living de casa que la sala oscura? Yo, si me dejan, voy tirando una sospecha: las pelis que buscan incomodar, que no te resuelven todo y que te dejan pensando, muchas veces terminan encontrando a esa persona que un viernes a la noche se queda sola con el control remoto y le da play. No es la sala, pero tampoco está mal.

Un caso que sigue diciendo algo

Lo más interesante de Prime Crime, que también se conoce como Dead Man's Wire, es que no termina de cerrar del todo sus contradicciones, y eso parece más una decisión que un defecto. La película deja al espectador en un lugar incómodo, con la pregunta de hasta dónde puede llegar alguien que decide protestar por su cuenta contra estructuras que lo superan. Van Sant no lo moraliza: lo mira, lo registra y se aparta. Es un gesto viejo, de los que hacían los noticieros de los años setenta cuando un caso así sacudía al país y las familias se juntaban alrededor de la mesa para discutir qué hubiera hecho cada uno. A esta altura de mi vida, y después de haber escuchado a más de una abuela decir que en su época la gente se arreglaba de otra manera, me animo a decir que hay algo de todo eso acá, en la pantalla, esperando a que alguien se siente a verlo.

“Las pelis que incomodan suelen encontrar a su público en el sillón, un viernes a la noche, con el control remoto en la mano.”Ignacio Sayago

Si te quedaron ganas de verla, ya sabés: Prime Crime está en Movistar Plus, con Bill Skarsgård haciendo de antihéroe de clase media y Gus Van Sant mirando la escena como quien escucha un tango largo en la peña del barrio. Y ya que estamos, si este finde hay peña, arrímense: siempre hace falta alguien que se banque una milonga hasta el final y que se anime a pedir un tema. La música, como la tele de Kiritsis, también es una manera de hacerse escuchar.

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Ignacio SayagoCultura y folclore

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