El caimán Macca, la figurita que el barrio quiere tener y la discusión que dejó en el medio
Una versión imprimible del personaje del videojuego abrió un debate entre seguidores sobre hasta dónde tiene sentido pagar por objetos caros y qué se pierde cuando la exclusividad deja de serlo.
Les cuento de arranque, como si estuviéramos sentados en el patio de casa, con el sonido del bombo todavía haciendo ruido de fondo: hay un caimán con dientes pintados que se llama Macca, salió en la pantalla grande de Rockstar y a los pocos días ya estaba dando vueltas por las redes, pero no en una juguetería ni en un local de reliquias, sino en una impresora 3D de cualquier cuarto de la Argentina. Sí, así nomás. Del píxel a la mesa, sin pasar por la caja registradora.
La movida nació después de que la gente de Grand Theft Auto VI presentara un paquete de colección por 400 dólares. Incluye una gorra, algunos pines, pegatinas, la figura del caimán Macca y unas gafas Oakley, que por lo que se comenta son la pieza más cara del combo. Lo curioso es que en ese precio no entra el juego: uno paga los objetos y después, si quiere, compra aparte la copia del título. Un amigo del barrio, jugador de toda la vida, me dijo con ese tono campechano que le sale cuando se enoja: "Es como pagar la entrada al boliche y que no te dejen bailar". Y la verdad que la frase le quedó justo.
De la pantalla a la impresora
Lo que pasó después tiene esa lógica que tiene siempre el pueblo cuando algo se pone caro: buscar la vuelta. Un diseñador que sigue la saga desde chico agarró la imagen del caimán, la trabajó en tres dimensiones y subió el archivo a la red para que cualquiera pueda bajarlo e imprimirlo en su casa. La idea es sencilla y a la vez muy de nuestra cultura: si no te alcanza el paquete completo, te llevás la pieza que querés y, si te pinta, le dejás una colaboración al autor del modelo por el monto que vos decidas.
No es un detalle menor. En tiempos donde todo se descarga gratis, acordar un pago voluntario entre seguidores es casi un acto de comunidad, de esos que recordaba mi abuelo cuando juntaba la plata para la peña del domingo y cada uno ponía lo que podía. El modelo abierto le devuelve a la figurita algo que el paquete oficial, con su precio cerrado, le había sacado: la posibilidad de elegir.
Lo que se puede y lo que no
Donde la cosa se pone interesante, y se nota el debate franco entre la gente, es en lo que cada uno valora. Están los que dicen: "Me alcanza con la figura, lo demás me sobra y no lo voy a usar". Y del otro lado, los que defienden la cajita cerrada, el sello, el número de serie, esa cosa de decir "yo lo tengo y vos no". Esa pulseada entre el objeto y la idea de tenerlo es de toda la vida, la hemos visto con las camisetas de los clubes, con los vinilos, con las revistas que ya nadie edita. Cambia el soporte, la esencia es la misma.
“La discusión del precio no es nueva para los seguidores de la saga: la edición especial de Red Dead Redemption 2 había salido años atrás por 100 dólares e incluía varios objetos, entre ellos un mapa impreso.”Contexto del público
Yo creo, y lo digo con la convicción que me da haber visto crecer a varias generaciones de coleccionistas en este país, que este cruce entre la impresión casera y la industria grande es una señal de los tiempos que corren. Las empresas venden cada vez más caro y los usuarios, mientras tanto, se organizan para no quedar afuera. No se trata de robarle el negocio a nadie, sino de decidir uno mismo a qué le pone precio y a qué no. Que un caimán de plástico abra esa conversación habla muy bien de los pibes y las pibas que están del otro lado de la pantalla. Y ahora, como siempre, los dejo con la invitación de siempre: si andan con ganas de charlar de cara a cara sobre estas cosas, nadie queda afuera este finde en la peña del barrio, donde se habla de folklore, de videojuego y de figuritas, todo revuelto, como debe ser.
