Sábado, 26 de septiembre de 2026
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El bombardero que no quería bajar: el cielo cruel del Bloody Hundredt, según Apple TV

La nueva miniserie de Steven Spielberg rescata las misiones del 100º Grupo de Bombardeo sobre la Alemania nazi: nueve episodios para entender qué se sentía combatiendo a siete kilómetros de altura, con el frío como enemigo y el destino siempre en juego.

Por Ignacio SayagoCultura y folclore · 26 de septiembre de 2026 · hace 1 h

El primer rugido del bombardero B-17 suena como un trueno seco, de esos que en mi barrio de chico hacían vibrar las baldosas del patio. Ese zumbido es, justamente, el arranque imaginario que me propongo para esta nota, porque la nueva apuesta de Apple TV viene directo desde el cielo de la Segunda Guerra y hay que contarla como merece. Los amos del aire es una ficción de nueve capítulos que sigue los pasos del 100º Grupo de Bombardeo, conocido entre los soldados como el Bloody Hundredth, y lo hace con dos protagonistas jóvenes que ya llaman la atención por sí solos: Austin Butler y Callum Turner, dos caras que el público argentino fue descubriendo entre biopics musicales y dramas de época.

La firma de Spielberg y dos guionistas con pedigree

La producción ejecutiva lleva la rúbrica de Steven Spielberg, un nombre que para mi generación, la de los lectores de entre 40 y 60 años, sigue siendo sinónimo de cierta épica cinematográfica que va desde El imperio del sol hasta Rescatando al soldado Ryan. Pero esta vez el director se queda detrás de cámara y deja la escritura en manos de John Shiban y John Orloff. Shiban viene de tejer los nudos dramáticos de Ozark, mientras que Orloff tiene en su currículum nada menos que Hermanos de sangre, otra serie bélica de referencia. Esa combinación explica, en parte, por qué Los amos del aire se mueve con la tensión de un thriller pero también con el peso humano de un relato coral.

  • Misiones a siete kilómetros de altura, donde el frío y la falta de oxígeno eran tan letales como las balas alemanas.
  • Tripulaciones formadas por jóvenes norteamericanos, muchos de ellos apenas pasados los veinte años.
  • Un enemigo doble: la Luftwaffe en el aire y las condiciones fisiológicas extremas en la cabina.
  • Destinos que iban desde el regreso con la formación intacta hasta el campo de prisioneros, la herida grave o la muerte.

Lo que me atrapó del material, y por eso me detengo a ampliarlo, es que la serie no se limita a mostrar los bombardeos como un espectáculo de pirotecnia. La acción se reparte entre el fragor de las misiones, las esperas eternas en la base, las cartas que nunca llegaban y los bares donde se bebía como si cada trago pudiera ser el último. Esa mixtura es la que convierte a la propuesta en algo más que un producto de catálogo: es un retrato generacional de hombres comunes empujados a una tarea descomunal.

“Pelear a esa altura significaba jugarse el cuerpo a cada minuto: el frío congelaba los dedos sobre la ametralladora y el oxígeno escaseaba en cada respiración.”Material de producción de la serie

Mi abuelo decía siempre que las guerras grandes se cuentan mejor en las cocinas chicas, y esta serie parece haberlo escuchado: aunque el marco es la derrota del Tercer Reich, la cámara se pega a las caras de los tripulantes, a sus rutinas, a sus códigos. Por eso, para quien se pregunte si vale la pena sentarse nueve domingos frente a la pantalla, la respuesta corta es que sí: es de esas ficciones que dejan pensando en los pilotos que nunca volvieron, y en los que volvieron rotos por dentro aunque el fuselaje estuviera entero.

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Ignacio SayagoCultura y folclore

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