Dos preguntas que cortan el ruido ajeno y dejan al descubierto qué decisiones son realmente tuyas
Un filósofo y profesor de la Escuela de Medicina de la Universidad de Emory, Ira Bedzow, propone un ejercicio breve para distinguir entre lo que uno quiere de verdad y lo que termina cumpliendo porque se lo comieron de chico.
Me llamo Griselda y este viaje a la nota empezó un jueves a la tarde, cuando un colega de Villa Crespo me pasó un paper que le había llegado por mail y me dijo: leelo despacio, que te va a doler un poco. Era sobre tomar decisiones y, en particular, sobre por qué una parte importante de las elecciones que sentimos como propias en realidad las heredamos sin firmar. Decidí escribir sobre eso, porque la nota no debía quedar en un PDF que nadie abre.
Dos preguntas que incomodan, y por eso sirven
El que las propone es Ira Bedzow, doctor en Filosofía y director ejecutivo del Emory Purpose Project, que además da clases en la Escuela de Medicina de la Universidad de Emory. La primera pregunta es directa: de quién es la vida que estás viviendo. Casi todos la contestan rápido, porque parece obvia. La segunda es la que molesta: quién debería determinar cómo vivís. Molesta porque obliga a mirar de frente que el rumbo no lo escribió nadie en una piedra, ni te lo dictó la familia, ni te lo cobró la cultura en la que te criaste; lo armaste vos, aunque sea por descarte.
Bedzow lo resumió con una frase que, leído en español rioplatense, suena a confesión: es más fácil conocer el camino correcto que se supone que debés tomar que pensar que debés inventar ese camino por vos mismo. Esa comodidad es la trampa, porque te deja viviendo un guion ajeno sin haberlo elegido nunca en forma consciente. Y ojo: el ejercicio no pide cortar vínculos ni despreciar lo que opinan los demás. Bedzow separa con paciencia dos cosas que casi siempre se mezclan: recibir perspectivas externas y entregarles el control. Escuchar a un colega sobre una oferta de trabajo, o bancarse que un amigo te cuestione una suposición amorosa, puede abrir los ojos; la diferencia está en quién firma la decisión final y desde qué criterios la firma.
Lo que muestran los números cuando uno se mueve por lo propio
El asunto no queda en la filosofía. Un metanálisis de Sezer y colaboradores, que es un tipo de estudio que junta y compara resultados de muchas investigaciones para sacar conclusiones más sólidas, encontró algo bastante predecible pero que conviene escuchar: quienes persiguen metas alineadas con sus valores e intereses se esfuerzan más, avanzan más y reportan mayor bienestar. El contraste aparece del otro lado, con quienes orientan sus objetivos por expectativas parentales, presión de estatus o el famoso miedo a la culpa, ese que aparece cada vez que uno se anima a decir que no en casa.
“No significa mirarse el ombligo, sino examinar las razones por las que elegimos lo que elegimos, considerar alternativas y aprender de los resultados.”Ira Bedzow, filósofo y docente de la Universidad de Emory
Griselda Villavicencio, Sociedad y salud.
