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Dormir mal y vivir con migraña: la relación que un estudio polaco puso sobre la mesa

Una investigación de la Universidad Médica de Wrocław detectó problemas de sueño en casi dos de cada tres personas con migraña, frente a menos de cuatro de cada diez en quienes no tenían cefaleas, y propuso mirar el descanso como una pieza clave en la atención de esta enfermedad.

Por Griselda VillavicencioSociedad y salud · 25 de septiembre de 2026 · hace 1 h

A Marta, vecina de Villa Crespo, la conozco desde hace años y siempre me repite la misma frase cada vez que arrancamos a charlar sobre su migraña: "Dormí mal y al otro día la pago caro". Yo, que llegué hasta su casa una mañana de semana porque quería entender cómo se vive con esta enfermedad mientras el ruido de los colectivos todavía se colaba por la ventana, me quedé pensando en esa confesión porque, sin saberlo, ella estaba describiendo algo que un equipo de investigadores de la Universidad Médica de Wrocław, en Polonia, acaba de poner en números.

El trabajo, que reunió a 5.311 adultos, encontró que el 64,1% de las personas con migraña tenían un descanso deficiente, contra el 38,7% de quienes no habían tenido cefaleas en los doce meses previos. La diferencia se mantuvo incluso al considerar la edad, el sexo y la situación laboral de los participantes, lo que para los autores sugiere que la relación entre sueño y migraña no es un detalle menor ni una simple casualidad estadística.

Cómo se midió el descanso y qué se observó

  • Se utilizó el Índice de Calidad del Sueño de Pittsburgh, que evalúa duración, interrupciones y somnolencia diurna, entre otros aspectos, y considera mala calidad cuando se superan los cinco puntos.
  • La mediana en el grupo con migraña fue de siete puntos, frente a cinco en quienes no registraban cefaleas, una brecha que se sostuvo al ajustar por variables personales y laborales.
  • Los investigadores midieron además los horarios preferidos de actividad y detectaron una leve inclinación hacia hábitos más tardíos entre quienes tenían migraña, aunque esa preferencia mostró una asociación débil con la frecuencia del dolor.
  • Dentro del grupo con migraña, quienes dormían peor reportaron más días de cefalea por mes, mayores limitaciones cotidianas y niveles más altos de estrés y ansiedad.

La advertencia que los propios autores se encargaron de hacer es importante y vale la pena repetirla: el estudio no permite afirmar que dormir mal provoque migraña ni que mejorar el sueño reduzca los ataques. Los participantes respondieron cuestionarios una sola vez, sin seguimiento posterior, y eso impide saber qué llegó primero, si el dolor de cabeza o las noches en vela. La investigación, en todo caso, propone incorporar la evaluación del sueño a la consulta habitual, como una herramienta más para entender cómo se vive con esta enfermedad.

Lo que me dejó pensando, después de la entrevista con Marta y de leer el paper polaco, es que estamos ante un tema donde la medicina y la vida cotidiana se dan la mano. Ella, como miles de argentinos, convive con migraña hace décadas y fue su propia experiencia la que le permitió llegar a una conclusión que la ciencia empieza a confirmar: prestar atención al descanso puede ser tan importante como prestar atención al dolor. En sus palabras, con las que suelo cerrar estas notas, "el día que aprendí a cuidar mi sueño, empecé a entender mejor mi migraña".

GV
Griselda VillavicencioSociedad y salud

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