Digger, de Iñárritu: Tom Cruise como magnate petrolero en medio de un iceberg que se viene abajo
La nueva película del director mexicano convierte al actor en un empresario caricaturesco que intenta limpiar su propia catástrofe ambiental. Con Riz Ahmed, John Goodman y Sandra Hüller, la historia se mueve entre el absurdo, la crisis climática y la vanidad del poder.
Imagínense el redoble del bombo de un patio santiagueño, la luna pegando en el piso de tierra y a un compadrito que se levanta con la noticia debajo del poncho: Digger, la nueva película de Alejandro González Iñárritu, ya está en la calle y viene a romper el molde. Yo, Ignacio Sayago, me siento esta tarde con el termo y la pantalla a contarles de qué se trata esta comedia negra donde el héroe no es un piloto de combate ni un espía con gadgets, sino un magnate petrolero con más cara dura que un propiamente. La excusa: una operación de extracción en Groenlandia que rompe un bloque de hielo del tamaño de una provincia entera, y el hielo, claro, viene derecho hacia el norte de Europa. Ahí se arma la cosa.
La historia que cruza el oro negro y la mala conciencia
El protagonista se llama Digger Rockwell, y la sinopsis oficial lo presenta ni más ni menos que como el hombre más poderoso del mundo. El tipo descubre que el desastre en Groenlandia es responsabilidad directa de su propia empresa, y en lugar de esconderse bajo la mesa, decide encabezar el rescate. Claro que no lo mueve solo el altruismo: le importa la humanidad, sí, pero también le importa la foto. Esa mezcla de héroe, culpable y hombre de marketing es el motor del relato. Iñárritu, que ya nos tiene acostumbrados a cruzar dramas íntimos con tragedias globales, ahora le mete absurdo y situaciones exageradas para no caer en el sermón ecológico. Y le sale bien: el tono se parece más a una sátira que a un documental de Netflix.
Lo que más llama la atención es ver a un Tom Cruise fuera de la zona de confort que construyó durante décadas. Acá no está colgando de un avión ni corriendo por una pasarela de aeropuerto: Digger es un magnate caricaturesco, panzón, con un bigote y una mandíbula que parecen sacados de un cuadro de caricatura política. La caracterización física es deliberada, casi grotesca, y rompe a propósito con la imagen del Cruise de Misión: Imposible o Top Gun. Es como ver a tu vecino de toda la vida disfrazado de compadrito en carnaval: la risa viene por el contraste, no por el chiste.
Elenco y equipo, de nombres grandes a nombres grandes
- Riz Ahmed como el doctor Nirav Ganesh, el especialista en seguridad ambiental que le lleva los papeles de la crisis a Rockwell.
- John Goodman como el presidente Compton, el ocupante de la Casa Blanca que debe decidir si ayuda, si se hace el distraído o si directamente le echa la culpa al otro.
- Sandra Hüller, la alemana que nos voló la cabeza con La zona de interés y Anatomía de una caída, en un papel que todavía no termina de definirse en los adelantos.
- Michael Stuhlbarg y Jesse Plemons, que completan un reparto pensado para funcionar como una orquesta, no como una colección de figurones.
- El guion lleva la firma de Iñárritu junto con Alexander Dinelaris, Nicolás Giacobone y Sabina Berman, un equipo que ya sabe cómo hacer dialogar lo latinoamericano con lo global.
- La fotografía quedó en manos de Emmanuel Lubezki, el Chivo, otro mexicano que le da a cada plano la textura de un cuadro de paisaje.
- La producción se filmó íntegramente en VistaVision, un formato analógico de los años cincuenta que le da a las escenas de hielo y agua un brillo casi irreal.
El estreno internacional arrancó el 30 de septiembre de 2026 y el 2 de octubre ya estaba en los cines de Norteamérica, con funciones en IMAX para los que gustan de ver a Tom Cruise sudar a tamaño real. Cruise figura además como productor junto con el propio Iñárritu y Mary Parent, lo que confirma que no vino solo a poner la cara: puso la plata, la muñeca y la energía.
La taquilla: estreno tibio, cifras que hay que mirar con cuidado
Acá viene el dato que a los que seguimos el fútbol de los números nos hace fruncir el ceño. El primer fin de semana dejó alrededor de ocho millones de dólares en Estados Unidos y Canadá, y otros doce millones en 73 mercados internacionales, lo que suma unos veinte millones de dólares globales. El presupuesto de producción se mueve entre 160 y 180 millones, sin contar la promoción, así que estamos ante un debut que, sobre el papel, queda lejos de lo que la Warner esperaba para un proyecto de este tamaño. Falta ver cómo se comporta en las semanas siguientes, sobre todo en Europa, donde la historia del deshielo y la culpa empresarial puede pegar más fuerte. Pero ya hubo corridas de los analistas que se apuraron a comparar este arranque con el de otros tanques de Hollywood, y por ahora la comparación no le juega a favor.
“Siento que vamos a cre”Tom Cruise, en entrevista con Kevin McCarthy, publicada el día del estreno
La frase, que el medio cortó a mitad de camino, deja picando algo: Cruise habla de crear, no de competir. Es la postura de un tipo que a los sesenta y pico sigue eligiendo papeles por obsesión artística y no por planillas de Excel. En esa misma nota insistió con una idea que viene repitiendo hace años: quiere hacer películas que envejezcan bien, que se puedan revisitar y que sigan encontrando público con el paso del tiempo. Una manera de pensar que lo acerca más a un actor de los años setenta que a una estrella de franquicia de streaming. Acá lo dejó claro sin levantar la voz.
Mi vieja, que ya tiene sus años y que fue a ver La zona de interés dos veces porque le parecía importante, me dijo el otro día: hijo, no me gusta que el mundo se termine, pero si se termina, que se termine con algo que valga la pena mirar. La tomé prestada mientras escribo esto, porque viene al caso: Digger no viene a salvar el planeta, viene a mostrarnos cómo un hombre con poder absoluto puede ser, al mismo tiempo, el culpable y el bombero. Y eso, en un mundo donde las crisis las pagan los de abajo y las decisiones las toman los de arriba, es una película que da para hablar. Así que este finde, después de la peña, me cuentan qué les pareció. Yo, mientras tanto, ya me reservé la butaca.
