Dientes que se van, memoria que se apaga: lo que une a la boca con el cerebro en la vejez
Una revisión de 14 estudios advierte que perder más de una pieza dental en la adultez mayor eleva cerca del 50% el riesgo de deterioro cognitivo. La inflamación de encías, el bruxismo y la boca seca completan el cuadro que los adultos mayores deberían tener en el radar.
A Miguel Ángel, vecino de Villa del Parque, lo conozco desde hace años por las idas y vueltas a la consulta del odontólogo. Cada vez que hablo con él me repite la misma frase: «Mientras tenga dientes, estoy vivo». Esa intuición de barrio, simple y terca, acaba de encontrar eco en una revisión reciente que sacudió a los consultorios: perder más de un diente en la adultez mayor se asocia con un riesgo sensiblemente más alto de deterioro cognitivo y demencia.
Según la revisión, publicada en la revista JAMDA y basada en 14 estudios sobre adultos mayores, quienes habían perdido más de una pieza presentaban cerca del 50% más de riesgo de deterioro cognitivo y un 28% más de probabilidades de recibir un diagnóstico de demencia. Los propios autores aclararon que se trata de una asociación estadística, no de una relación de causa y efecto comprobada, y mencionaron otros factores que se cruzan en el camino: la inflamación prolongada, la alimentación, el acceso a la atención odontológica y las enfermedades previas.
Encías inflamadas, un problema que no se queda en la boca
La gingivitis, esa inflamación de encías que tantos minimizan, aparece en distintos estudios vinculada con enfermedades cardiovasculares, pulmonares, obstrucciones en vasos sanguíneos y accidentes cerebrovasculares. Tampoco acá se probó causalidad directa, pero la asociación alcanza para que los controles odontológicos dejaran de vivirse como un trámite aislado y pasaran a formar parte del seguimiento médico de rutina. Cuando la gingivitis no recibe tratamiento, avanza hacia los tejidos que sostienen los dientes y desemboca en periodontitis, la etapa en la que el diente empieza a moverse y, tarde o temprano, se pierde.
El doctor Fernando Cassab, docente de la facultad de Odontología, suele remarcarlo en sus clases: «El diente no se cae solo, se cae porque algo viene ocurriendo desde hace tiempo». Y lo que viene ocurriendo, en muchos casos, es un proceso inflamatorio silencioso que pasa de la encía al hueso y que, según la revisión, puede estar hablando también con el cerebro.
- Sensibilidad dental: aparece cuando las encías se retraen y dejan expuesta parte de la raíz, y también puede vincularse al bruxismo, el hábito de apretar o rechinar los dientes durante el sueño. Una férula nocturna ayuda a reducir la presión, aunque siempre conviene la evaluación profesional para descartar otros orígenes.
- Boca seca: ocurre cuando se produce menos saliva y dificulta masticar, tragar, hablar y hasta percibir sabores. Es un efecto secundario habitual de varios medicamentos y puede aparecer asociada a diabetes, accidentes cerebrovasculares, alzhéimer y enfermedades que afectan al sistema inmune.
- Pérdida de piezas y aislamiento: además del impacto físico, la falta de dientes puede reducir la participación social. Algunas personas evitan conversar, sonreír o ir a reuniones por incomodidad con su dentadura, lo que alimenta la soledad durante la vejez.
Pequeños hábitos, diferencias grandes
La guía de Harvard Health Publishing insiste en la misma idea de fondo: los cuidados cotidianos pesan más de lo que parece. Cepillarse los dientes al menos dos veces por día con pasta con flúor, usar hilo dental o cepillos interdentales, limpiar la lengua, controlar el consumo de azúcares y no subestimar la boca seca son decisiones simples que, sumadas a las visitas periódicas al odontólogo, pueden cambiar la trayectoria de la salud en la tercera edad.
“Mientras tenga dientes, estoy vivo”Miguel Ángel, vecino de Villa del Parque
Como le dije a Miguel Ángel cuando me crucé con él la semana pasada, lo que está en juego no es sólo una sonrisa: es la memoria, el corazón, los pulmones y, también, las ganas de seguir sentándose en una mesa con otros. Por eso, ante sensibilidad persistente, sangrado de encías, dientes que se mueven o sequedad bucal que no cede, la consulta con el odontólogo no debería esperar al próximo turno: suele ser el primer paso para detectar a tiempo lo que la boca viene intentando decir hace rato.
