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Denisse González y la púrpura que le bajó las plaquetas: dos internaciones, cuatro tratamientos y la decisión de contar todo desde la cama del hospital

La exparticipante de Gran Hermano habló en televisión sobre el cuadro que la obligó a internarse dos veces en pocas semanas y compartió el aprendizaje que le dejó la experiencia.

Por Ignacio SayagoCultura y folclore · 22 de septiembre de 2026 · hace 1 h

Arrancamos esta nota con el sonido apagado de un tensiómetro y la luz blanca de una sala de internación, porque así empieza la historia que contó Denisse González en televisión. La exparticipante de Gran Hermano se sentó frente a la cámara con la calma de quien ya pasó lo peor y dijo una frase que se me quedó dando vueltas como un redoblante de patio: "Yo sé que tengo una enfermedad, pero yo no soy la enfermedad". Ahí nomás entendí que la nota iba a ir por otro lado, más humano que médico.

Denisse, a quien los pibes del barrio siempre nombraron de onda, reveló que le diagnosticaron púrpura trombocitopénica, una enfermedad en la que el cuerpo destruye las plaquetas de la sangre y deja a la persona expuesta a sangrados con cualquier golpe o raspón. En su caso, según su propio relato, no se pudo determinar qué disparó el cuadro. El médico Guillermo Capuya, presente en la entrevista, aclaró que la denominación más usada hoy es púrpura trombocitopénica inmune, ya que se trata de un trastorno en el que el sistema inmunológico ataca por error a las propias plaquetas.

Del chequeo de rutina a la primera internación

La historia que cuenta Denisse empieza como empiezan casi siempre las cosas serias en esta vida: sin aviso. "Fui a hacerme un chequeo de rutina y terminé internada", dijo, todavía un poco sorprendida de cómo se enlazaron los hechos. En el momento más complejo, llegó a tener mil plaquetas y tuvo que cuidarse hasta para cepillarse los dientes, una pavada doméstica que, cuando el cuerpo no acompaña, se vuelve una proeza. Me acordé de lo que me repetía mi abuela cada vez que alguien se quebraba por un silletazo en la peña: "M'hijo, hasta el aire hay que cuidarse cuando uno está mal".

A un mes de la última internación, la exhermanita describió una mejoría con cuidadoso optimismo. Aseguró que está estable, que pasó por cuatro tratamientos y que el más reciente parecía estar dando resultado, aunque falta la confirmación en los análisis. Todavía no sabe si deberá tomar medicación de por vida, así que sigue con los controles de laboratorio y esperando el próximo número para ver cómo responde el cuerpo.

“Yo sé que tengo una enfermedad, pero yo no soy la enfermedad.”Denisse González

Por qué eligió contarlo en las redes

Lo que me llama la atención, y se lo voy a contar como se lo cuento a un amigo en la mesa del sábado, es la decisión de hacer pública la intimidad del hospital. Denisse lo explicó con una lógica que entiende cualquiera que labure con un teléfono en la mano: no quería desaparecer de las redes durante un mes sin dar explicaciones. Pero esa exposición terminó dándole algo que no estaba en los planes: se cruzó con gente que vive con la misma patología y descubrió un mundo de historias que, dice ella, la ayudaron a ponerle nombre a lo que le pasaba.

  • Diagnóstico: púrpura trombocitopénica idiopática, denominación que los médicos hoy actualizan como púrpura trombocitopénica inmune.
  • Internaciones: dos, en pocas semanas, con un cuadro que comenzó tras un control de rutina.
  • Tratamientos: cuatro, con el más reciente como el que mejor respuesta viene mostrando, pendiente de nuevos análisis.
  • Plaquetas en el pico crítico: es la cifra que mencionó la propia Denisse al describir el momento más delicado.
  • Acompañamiento: destacó a su pareja, Bautista Mascia, presente en las internaciones.

Sobre el final de la charla, González dejó un mensaje que trasciende lo médico y se mete de lleno en lo humano, que es donde a mí me gusta parar la oreja. Subrayó el valor de las visitas, de la palabra justa y de la compañía para quien está internado. Lo dijo con una convicción que parece sacada de alguien que tuvo que aprenderlo en carne propia, y no en un manual. Uno escucha estas cosas y se acuerda de los vecinos que se turnan para llevarle la sopa al que está en cama, porque en el barrio, como en la sala de un hospital, lo que salva es la presencia.

Cierro la nota como la cierro cada vez que la vida me deja una enseñanza de estas: los espero en la peña del fin de semana, donde se canta, se toma algo y, de paso, se conversa sobre estas cosas que parecen lejanas hasta que un día tocan la puerta. Si alguien tiene un dato para compartir sobre el tema o quiere contar su propia experiencia con la púrpura, sabe que esta mesa está servida.

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Ignacio SayagoCultura y folclore

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