Cuando una respuesta corta se vuelve una novela: lo que la sobrelectura de chats le hace a la pareja
Las psicólogas Marina Mammoliti y Karina Carreño describen cómo una demora, un monosílabo o un silencio en el celular se transforman en motivo de discusión cuando intervienen los miedos y las experiencias pasadas. Y comparten herramientas concretas para cortar ese circuito antes de que la confianza se resienta.
Eran cerca de las diez de la noche y Carolina, de Boedo, estaba sentada en el sillón con el celular en la mano. Me escribió por WhatsApp después de releer por tercera vez una respuesta seca de su novio y sentir que el estómago se le cerraba. No tenía ningún dato concreto para pensar que algo andaba mal, pero ya estaba enojada. Lo que le pasó a ella es, según explican las psicólogas Marina Mammoliti y Karina Carreño, una escena de manual: cuando la información falta, la cabeza se encarga de inventarla.
A esa tendencia a completar lo que el otro no dice con nuestras propias suposiciones las especialistas la llaman sobreinterpretación, y la describen como uno de los caminos más cortos para que la confianza en la pareja empiece a deteriorarse. Un "ok", una demora de veinte minutos o un audio sin abrir pueden no significar nada, pero terminan cargados de una intención que todavía nadie pronunció.
Hechos por un lado, interpretaciones por el otro
La neuropsicóloga Karina Carreño, que se desempeña en el ámbito de la salud mental, propone empezar por una operación muy concreta antes de responder cualquier cosa que genere malestar: separar lo que efectivamente ocurrió de lo que estamos imaginando. Que la pareja haya contestado con pocas palabras es un hecho verificable. Que esté enojada o distante ya es una lectura nuestra. Esa diferencia, dice la especialista, es la base para regular la ansiedad y abrir una conversación que aclare en lugar de alimentar el conflicto.
"Cuando falta información sobre lo que la otra persona siente o piensa, el cerebro intenta anticiparlo", describe Carreño. Y para completar lo desconocido recurre a lo que tiene más a mano: experiencias anteriores, temores, inseguridades. Así, una demora se convierte en pérdida de interés, aunque no haya un solo elemento que sostenga esa equivalencia.
Prestar atención a la propia emoción
La psicóloga Marina Mammoliti, especializada en clínica de adultos, suma una segunda herramienta: mirar para adentro antes de descifrar al otro. En vez de gastar energía en adivinar qué quiso decir ese silencio, propone preguntarse qué nos está pasando a nosotros frente a ese intercambio. Reconocer si lo que aparece es miedo al abandono, baja autoestima o el eco de una infidelidad anterior cambia el foco y, con él, la manera de responder.
Cuando existe miedo al abandono, por ejemplo, una necesidad genuina de estar a solas puede leerse como indiferencia. "Las experiencias dolorosas influyen en cómo se interpretan las conductas de la pareja", señala Mammoliti, y advierte que la búsqueda de confirmaciones puede terminar derivando en intentos de controlar al otro.
Preguntas concretas para cortar el circuito
Ambas especialistas coinciden en un punto: no alcanza con esperar una respuesta en el momento justo en que aparece la inquietud. Aprender a convivir con tiempos que no controlamos también es parte del trabajo. Carreño es tajante al recordar que no siempre es posible tener una explicación inmediata, y que la incertidumbre forma parte de cualquier vínculo.
“Volver a los hechos y abrir el diálogo antes de que la conjetura se transforme en certeza es la única manera de cuidar lo que más nos importa, que es la confianza del otro.”Karina Carreño, neuropsicóloga
