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Sábado, 10 de octubre de 2026
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Cuando lo falso también lastima: el caso de las chicas de Lomas de Zamora que aprendieron que una imagen inventada puede doler como una real

Adolescentes de un colegio de Lomas de Zamora sufrieron vergüenza, angustia y miedo después de que compañeros crearan y difundieran material sexual falso con inteligencia artificial. La Justicia investiga a cuatro menores y la causa reaviva el debate sobre el daño psicológico que produce este flagelo digital.

Por Griselda VillavicencioSociedad y salud · · hace 2 h
Cuando lo falso también lastima: el caso de las chicas de Lomas de Zamora que aprendieron que una imagen inventada puede doler como una real

Soy Griselda Villavicencio y arranco esta nota como suelo empezar las que me importan de verdad: con un nombre y un barrio. A Valentina la imagino en su casa de Lomas de Zamora, esa ciudad del sur del conurbano bonaerense donde el tren y las escuelas moldean la vida diaria de miles de pibes. A ella y a otras adolescentes de un colegio secundario del partido las atravesó una pesadilla que, hasta hace poco, parecía de ciencia ficción: compañeros suyos habrían tomado fotos de sus redes sociales y, usando inteligencia artificial, habrían producido imágenes sexuales falsas para después distribuirlas. La Justicia investiga a cuatro menores por producción y distribución de material de abuso sexual infantil, una figura legal conocida como MASI, que se aplica incluso cuando el contenido fue generado digitalmente.

Cuando me acerqué al tema y empecé a leer los testimonios, una frase me golpeó especialmente, la de una de las chicas afectadas: Aunque sé que es falso, me dio vergüenza. Esa es, me parece, la puerta de entrada para entender lo que ocurrió. Porque la discusión central del caso no es si la imagen es verdadera o no a nivel técnico, sino qué le hace a una persona verse representada en una situación que nunca eligió y que, encima, circula sin control. Las víctimas relataron asco, vergüenza y miedo ante la posibilidad de no saber adónde llegó ese material. Una de ellas contó que tardó en hablar con sus padres porque no quería que la vieran así, aun sabiendo que la foto estaba manipulada. Otra, con una lucidez que asombra por la edad, resumió la incertidumbre que las aqueja: creemos que pudo haber llegado a cualquier parte del mundo.

Cómo se fabricó el daño

Según lo que se conoció a través de la investigación y de los testimonios de las propias alumnas, las fotos originales se tomaban de perfiles públicos en redes sociales, ese material que los adolescentes comparten casi sin pensarlo. Con esas imágenes como base, los menores investigados habrían generado las versiones manipuladas y las habrían hecho circular en grupos digitales, con indicios firmes de que también pasaron por plataformas de mensajería. La mecánica es relativamente sencilla desde lo técnico, y eso es justamente lo que preocupa a especialistas: no hace falta ser experto para producir este tipo de contenido, alcanza con tener un teléfono y una aplicación. Lo que no es nada sencillo, en cambio, es dimensionar el agujero emocional que deja.

La respuesta del colegio, la calle y la Justicia

Las chicas afectadas concurrieron al colegio apenas descubrieron lo que estaba pasando, pero sintieron que la respuesta institucional fue tardía e insuficiente, una sensación que se repite en muchos establecimientos cuando aparecen conflictos de este tipo. Con el correr de los días, las autoridades organizaron jornadas de diálogo y los menores investigados pasaron a la modalidad virtual. La Justicia, mientras tanto, ordenó el cese del hostigamiento y pidió medidas para evitar el contacto entre las partes, además de realizar allanamientos en el marco de la causa. La situación escaló hasta una protesta organizada por las alumnas frente al establecimiento, con presencia de estudiantes de distintos cursos y de familias. Los videos de la manifestación se viralizaron y, a partir de ellos, aparecieron testimonios de jóvenes de otros colegios que contaron haber atravesado situaciones parecidas. Eso convierte al caso en algo más que un episodio aislado: lo transforma en espejo de una vulnerabilidad compartida.

  • Saber que una imagen es falsa no elimina la vergüenza, el miedo ni la sensación de vulnerabilidad que provoca en quien aparece en ella.
  • Las fotos originales se obtienen de perfiles públicos, lo que vuelve a poner en discusión qué compartimos y cómo en redes sociales.
  • La Justicia investiga la producción y distribución del material como MASI, una figura que se aplica aunque el contenido sea generado por inteligencia artificial.
  • La respuesta institucional del colegio fue percibida como tardía y recién después del conflicto se organizaron espacios de diálogo.
  • El caso abrió la puerta a testimonios de adolescentes de otras escuelas que reconocieron haber vivido situaciones similares.

Lo que viene charlando entre padres, docentes y equipos de orientación

Para las familias y para los equipos de orientación de los colegios, el caso deja preguntas que no admiten respuestas simples. ¿Qué se hace cuando un alumno descubre que circula una imagen falsa suya de contenido sexual? ¿Cómo se conversa en una casa cuando el daño lo produce un compañero del mismo curso? ¿Qué herramientas tienen los docentes para detectar estas situaciones a tiempo? Sobre estas cuestiones trabaja cotidianamente, en diálogo con escuelas de la región, la médica pediatra y especialista en adolescencia Laura Pawlowski, quien suele remarcar que el daño emocional de estas situaciones es comparable al que produce el material real. Lo que le escuché decir a la doctora en una charla reciente me parece una buena forma de cerrar esta nota: lo que se rompe no es una foto, es la confianza de una pibe en el lugar donde pasa ocho horas por día.

GV
Griselda VillavicencioSociedad y salud

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