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Miércoles, 7 de octubre de 2026
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Cuando la grasa corporal cae demasiado: lo que el cuerpo empieza a perder sin aviso

Expertos en medicina metabólica y deporte explican por qué reducir el tejido adiposo por debajo de ciertos umbrales puede comprometer músculos, hormonas y hasta la respuesta inmune. Un recorrido por los mensajes que el cuerpo deja cuando las reservas se agotan, incluso en personas que entrenan.

Por Griselda VillavicencioSociedad y salud · · hace 1 h
Cuando la grasa corporal cae demasiado: lo que el cuerpo empieza a perder sin aviso

Empecé esta nota un martes a la tarde, en el consultorio de Daniela, una médica clínica del barrio de Once que me atiende hace años. Ella fue la primera que me dijo, mientras me pesaba con la balanza de bioimpedancia, que ese número que aparece como porcentaje de grasa a veces dice menos de lo que uno quisiera. Y que bajarlo sin pensar puede ser peor que no haberlo tocado. Me acuerdo de su cara cuando me lo dijo, con ese tono entre serio y maternal que usan los médicos cuando saben que el paciente no va a entender del todo. Lo que vino después fue una conversación que me terminó de ordenar la cabeza: el cuerpo humano necesita grasa, y no como un capricho estético, sino como una cuestión de supervivencia. Eso es lo que intenté reconstruir en los meses siguientes, charlando con especialistas y revisando investigación reciente sobre lo que pasa cuando las reservas de tejido adiposo caen demasiado.

El dato inicial lo aporta Tamara Hew-Butler, investigadora de la Universidad Estatal de Wayne, que participó en un estudio con más de 700 deportistas analizados con densitometría DEXA, un estudio que distingue entre tejido graso, masa magra y masa ósea con bastante precisión. Los mínimos registrados en esa muestra fueron del 10% en hombres y del 16% en mujeres, bastante lejos del 1% o 2% que aparece en publicidades y posteos de redes cuando se habla de definición muscular. Para ponerlo en palabras simples, llegar a esos valores no es solo difícil: puede no ser saludable. Y ojo, que una balanza de bioimpedancia puede arrojar resultados distintos según la hidratación del momento, mientras que los pliegues cutáneos no permiten conocer la grasa que rodea los órganos, así que el número que uno ve en la pantalla del gimnasio es apenas una foto movida.

Cuidá los músculos y los huesos, pero también las hormonas

La primera señal de alarma la explica Jessica Maung, investigadora de enfermedades metabólicas de la Universidad de Míchigan: una cantidad insuficiente de grasa puede alterar distintos órganos y sistemas, porque cuando una restricción intensa de calorías reduce esas reservas, el cuerpo puede recurrir al músculo para obtener energía y perjudicar tanto la generación de tejido óseo como su reparación. Traducido: no solo se pierde fuerza, también se pierde estructura, y eso a los 40 o 50 años pega más fuerte de lo que uno imagina.

  • En hombres con una alimentación insuficiente, la testosterona puede disminuir, junto con la energía y el rendimiento, según los estudios revisados.
  • En algunas deportistas, los niveles demasiado bajos de grasa se relacionan con irregularidades menstruales o falta de menstruación, un indicador de que el cuerpo está priorizando sobrevivir.
  • Fredrik Karpe, profesor de medicina metabólica de la Universidad de Oxford, señaló que disponer de pocas reservas dificulta la respuesta ante infecciones graves, porque el organismo no tiene con qué pelear.

La explicación hormonal la resume Karpe, que además advierte sobre la leptina, una hormona que produce el tejido adiposo y que le comunica al cerebro cuánta energía hay disponible. Si esa señal cae por falta de reservas, el organismo empieza a relegar funciones para ahorrar recursos, y ahí es donde aparecen los problemas. Como me dijo una endocrinóloga con la que hablé por teléfono, que prefiere no ser nombrada: 'el cuerpo no distingue entre dieta y hambruna, solo lee el nivel de energía que le llega y se adapta como puede'. Y esa adaptación, que parece una virtud evolutiva, es la que termina pasando factura cuando uno insiste en bajar la grasa más allá de lo razonable.

Para terminar, Daniela me dejó una frase que resumen buena parte de lo que recopilé: 'la grasa no es el enemigo, es el banco de energía del cuerpo, y cuando lo dejás sin fondo, todo lo demás empieza a funcionar con nafta escasa'. La grasa en exceso, eso sí, también trae problemas, sobre todo cuando se acumula alrededor de los órganos, en lo que se conoce como grasa visceral, y que favorece la liberación de sustancias que inflaman el cuerpo. Pero la otra cara, la del déficit, suele quedar más oculta, y por eso vale la pena tenerla en cuenta antes de embarcarse en cualquier plan que prometa derretir reservas a cualquier costo.

GV
Griselda VillavicencioSociedad y salud

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