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Miércoles, 14 de octubre de 2026
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Cuando el galán de acción se calza el chaleco y se va al desierto de Hudspeth

Steven Seagal dejó los sets de filmación para sumarse a operativos de seguridad fronteriza en el condado de Hudspeth, en Texas, y su pasado como practicante de aikido pesa tanto como su currículum en Hollywood.

Por Ignacio SayagoCultura y folclore · · hace 46 min
Cuando el galán de acción se calza el chaleco y se va al desierto de Hudspeth

Le cuento, doña Rosa, porque la historia tiene una vuelta de tuerca que no me esperaba cuando la crucé esta mañana: Steven Seagal, el mismo que durante los noventa nos hizo creer que un marine podía resolver todo a base de patadas y manos abiertas, decidió pegar el portazo en Hollywood y se fue a trabajar como policía en el condado de Hudspeth, en el extremo oeste de Texas, pegado a la frontera con México. El dato no es rumor de pasillo: las fuerzas del condado lo confirmaron y hasta salieron a desmentir que se tratara de una movida publicitaria.

Según contaron las autoridades locales, el exgalán se incorporó a operativos de control fronterizo, trabajó con armas de precisión y siempre estuvo bajo la supervisión directa de agentes del orden. Un integrante de las fuerzas del condado lo dijo sin rodeos: Está aquí porque le importa el país y quiere contribuir como cualquier otro residente. Los oficiales que compartieron jornada con él remarcaron la seriedad de los aportes durante las guardias, y aclararon que nada fue un cameo para la cámara.

Un vecino inesperado en el patio del pueblo

La reacción de la gente del lugar fue de lo más heterogénea, como me contaba un amigo que sigue estas movidas desde el norte: algunos vecinos se cruzaban al actor en medio del desierto y no podían creer que el tipo que vedían en DVD de alquiler estuviera ahí, en cuero y con chaleco táctico; otros, en cambio, valoraban que se hubiera bajado del Olimpo de Hollywood para ensuciarse las botas en el terreno. En ambos casos, la sheriff del condado insistió en lo mismo: las contribuciones de Seagal fueron concretas, no simbólicas.

“Está aquí porque le importa el país y quiere contribuir como cualquier otro residente.”Integrante de las fuerzas del condado de Hudspeth

El aikido como manual de procedimientos

  • A los cinco años vio una exhibición que le cambió la vida y se prendió a las artes marciales.
  • A los 17 viajó solo a Japón, sin hablar el idioma y sin contactos, para formarse con maestros locales.
  • Tras años de entrenamiento en dojos tradicionales, obtuvo el cinturón negro en aikido.
  • Alcanzó el séptimo Dan en esa disciplina, que él mismo describe como el camino de la energía y la armonía.
  • Fundó una academia de artes marciales en Japón, que hoy dirige su exesposa, Miyako Fujitani.

Esa mochila oriental se nota en cómo se movió dentro del operativo. Como le explicaba a mi viejo, que es jubilado y fanático de las películas de artes marciales, el aikido no va de pegar primero y fuerte: va de redirigir la fuerza del otro, de controlar, de noquear con precisión más que con volumen. Ese mismo enfoque fue el que Seagal habría trasladado a las tareas de vigilancia: evitar la confrontación directa, privilegiar el control y la lectura del movimiento por sobre el choque cuerpo a cuerpo. Para quienes compartieron turno con él, eso se notaba.

Me quedo pensando, mientras le escribo esta nota, en algo que un abuelo de mi barrio repetía cada vez que un famoso se metía en temas de servicio público: la fama no garantiza vocación, pero a veces abre una puerta que la vocación ya estaba empujando desde el otro lado. Seagal se crio entre dojos, viajó solo siendo un pibe y se pasó décadas entrenando un arte que, justamente, pone el servicio al otro por encima del lucimiento personal. Que haya terminado poniéndose el chaleco en Hudspeth no suena tan descabellado, si uno mira la película para atrás. La pregunta que queda abierta, y se la dejo a usted, querido lector, es cuántas veces una carrera artística puede ser el punto de partida para un rol genuino en la comunidad. Si anda por una peña este finde, lo charlamos entre un chamamé y un gato.

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Ignacio SayagoCultura y folclore

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