Martes, 15 de septiembre de 2026
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Celine Dion volvió a cantar y el mundo de la música popular volvió a respirar

Después de seis años de silencio y una pelea cuerpo a cuerpo con el síndrome de la persona rígida, la canadiense reestrenó su voz en las afueras de París con una residencia de shows que la mantiene de pie otra vez. Crónica de una noche que fue mucho más que un recital.

Por Ignacio SayagoCultura y folclore · 15 de septiembre de 2026 · hace 1 h

Les confieso algo de entrada: me senté a escribir esta nota con la garganta medio apretada, como cuando en el patio de mi viejo se prende el bombo legüero y uno todavía no sabe por qué se le mojan los ojos. Celine Dion volvió a cantar en vivo después de seis años de ausencia, y lo hizo en un escenario nuevo, enorme, rodeado de fans que la esperaban como se espera a un milagro chico, de esos que no salen en los diarios. La cita fue en el Plenitude Arena, a las afueras de París, donde arrancó una residencia de dieciséis funciones que se extiende entre septiembre y octubre de este 2026 y que ya tiene confirmadas, además, otras diez fechas para mayo del año que viene. La temporada entera funciona como una declaración de principios: no es un show aislado, es la prueba de que una artista que alguna vez dominó el planeta del pop decide volver a pararse frente al público con todo el cuerpo, con la voz y también con la enfermedad a cuestas.

El arranque de la velada fue con On ne change pas, uno de sus clásicos cantados en francés, y bastaron las primeras notas para que la emoción le ganara la pulseada. La cantante canadiense apenas pudo terminar la introducción y se vio obligada a hacer una pausa, mientras el público la aplaudía de pie. Cuando recuperó el aliento, reconoció con una sonrisa húmeda lo que todos veían: Me había prometido no llorar. No cumplo mis promesas. Y enseguida, como buscando recuperar el control de la escena, completó: Pero estoy muy feliz de verlos a todos. Los extrañaba. Voy a cantar para ustedes sin llorar. La frase funcionó a la vez como confesión íntima y como promesa pública, y eso le dio a la noche ese clima de ceremonia familiar que tienen las grandes despedidas y, sobre todo, los grandes regresos.

Una enfermedad que la sacó del mapa durante años

Para entender la dimensión de lo que ocurrió en París hay que remontarse a 2022, el año en que Dion contó públicamente que le habían diagnosticado el síndrome de la persona rígida, una enfermedad neurológica y autoinmune poco frecuente que compromete el movimiento muscular y puede provocar espasmos severos. La condición la obligó a cancelar una gira completa y a mantenerse alejada de los escenarios durante años, en un retiro que muchos asociaron, erróneamente, con el duelo por la muerte de su marido René Angélil y de su hermano Daniel. Lo cierto es que el verdadero protagonista del silencio fue un cuadro clínico serio, contra el que la cantante pelea en silencio desde entonces. Volver a cantar en vivo después de un diagnóstico de ese tipo no es un capricho artístico ni una cuestión de marketing: es, literalmente, una decisión del cuerpo y de la voluntad.

Durante el concierto, la canadiense habló del proceso que atravesó para aprender a convivir con la dolencia. Al convivir con ello día tras día, he llegado a aceptarlo. Y he decidido convertirlo en mi razón de vivir, le dijo al público, en un tramo en el que la música se detuvo para dejar paso a la palabra. También agradeció el acompañamiento recibido en ese período y recuperó un compromiso que se había hecho a sí misma: Prometí volver, regresar a los escenarios. Así que aquí estoy: cantando para ustedes y para mí, ¡cantando en vivo! Lo dijo con la voz entera, como recomendándose a sí misma no quebrarse, y el auditorio respondió con un aplauso largo que duró más que cualquier estribillo.

El cierre del show fue, otra vez, a pura emoción contenida. Antes de despedirse, la artista dejó una frase que funcionó como sello de la noche y, probablemente, de toda la residencia: Muchas gracias. Acabo de cumplir un sueño. No fue una frase grandilocuente ni un golpe de efecto discursivo, sino la manera simple en que alguien pone en palabras lo que siente cuando un deseo largamente postergado por fin se concreta. Mi abuela, que nunca fue fanática de la música anglosajona pero sí de las historias de esfuerzo y de gente que no se rinde, habría entendido perfectamente lo que esa frase quiere decir: hay regresos que no se miden en ni en rankings, sino en la cantidad de tiempo y de lágrimas que costó volver a pararse.

Quedan por delante muchas funciones, muchas noches por delante y, seguramente, muchas notas más por escribir sobre una artista que eligió volver a cantar en vivo cuando nadie se lo exigía y el cuerpo, a veces, le jugaba una mala pasada. Pero esa es, precisamente, la parte de la historia que vale la pena contar: la de alguien que transforma la enfermedad en razón de vivir y convierte cada show en una pequeña victoria. Si te interesa seguirle el rastro al regreso de Celine Dion o querés contarme cómo lo viviste, te leo en los comentarios.

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Ignacio SayagoCultura y folclore

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