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Brad Pitt vuelve a ponerse la mochila del sobreviviente: Guerra Mundial Z 2 ya tiene director y fecha, solo falta empezar a filmarla

Edward Berg, el alemán que sacudió Sin novedad en el frente y Cónclave, se mete de lleno en el universo de zombis más taquillero de todos los tiempos para acompañar a Pitt en esta esperada secuela.

Por Ignacio SayagoCultura y folclore · 20 de septiembre de 2026 · hace 56 min

Lo que empezó como un rumor de pasillo en los pasillos de Paramount terminó por confirmarse en las últimas horas, y la noticia tiene una fuerza particular para los que guardamos en la memoria aquella primera Guerra Mundial Z de 2013, aquella película que nos hizo taparnos la boca en la butaca del cine mientras Brad Pitt corría por una Jerusalén convertida en pesadilla. Ahora, casi trece años después, el bueno de Gerry Lane vuelve a calzarse la mochila del sobreviviente, y esta vez no lo hace solo: lo acompaña Edward Berg, el director alemán que viene de romperla con Sin novedad en el frente y Cónclave, y que recién terminó de rodar con Pitt The Riders, una película que todavía no vimos pero que ya funciona como puente entre el viejo proyecto y esta nueva aventura que se viene.

Lo más jugoso de todo esto es el recorrido que tuvo esta secuela antes de llegar a buen puerto. Pensemos un segundo en la cantidad de veces que escuchamos el nombre de este proyecto por ahí, arrinconado en un cajón, y en cuántas veces el entusiasmo nos ganó para que después la cosa no prosperara. Primero fue J. A. Bayona, allá por 2014, el españolazo que nos había volado la cabeza con Lo imposible, y que parecía el indicado perfecto para meterse en un rodaje de zombis a gran escala. Pero Bayona se bajó, y el proyecto quedó otra vez dando vueltas. Después apareció David Fincher, un director que siempre sabe cómo ponerle garra a una historia, y por un momento pareció que la cosa finalmente iba en serio, pero tampoco terminó de cerrar. Así pasaron los años, entre anuncios tibios y rumores de pasillo, hasta que Paramount se decidió a poner las cartas sobre la mesa y cerró con Pitt y Berg como los dos nombres centrales de la nueva entrega.

Un reencuentro que nace de otro rodaje en común

El detalle más lindo de todo este asunto, y el que me hace pensar que esta vez sí va en serio, es que Pitt y Berg no se conocieron en una reunión de oficina con café ejecutivo: se conocieron filmando. The Riders acaba de terminar su rodaje, los dos se vieron la cara durante semanas en el set, y de esa convivencia laboral salió el acuerdo para hacer juntos esta segunda parte de Guerra Mundial Z. Es decir, no estamos ante un matrimonio por conveniencia ni ante un nombre grande pegado al lado de otro nombre grande para llenar un cartel: estamos ante dos tipos que ya se bancaron un rodaje entero y que decidieron repetir la experiencia con un universo mucho más grande y con un público que, a esta altura, ya sabe más de Gerry Lane que de su propio abuelo.

La novela de Max Brooks que dio origen a la primera película quedó en el camino, como bien recordarán los lectores, en una adaptación libre que tomó el espíritu pero no la estructura del libro. Aquella decisión fue discutida en su momento y sigue siendo discutida, pero lo que nadie puede discutirle al filme de 2013 es el fenomenal resultado en taquilla: se transformó en la producción de zombis más recaudadora de la historia, un dato que no es menor y que explica por qué Paramount insistió tanto, durante una década entera, en encontrar la manera correcta de darle una hermana mayor.

Mientras esperamos que la cosa se ponga en marcha y que empiecen a llegar las primeras imágenes desde algún set perdido del mundo, lo que queda claro es que la peña del fin de semana va a tener tema de conversación asegurado. Porque así como a la salida del cine, en el 2013, uno se juntaba con el abuelo y la abuela en la mesa familiar para discutir si la película le había gustado más o menos que el libro, hoy la pregunta vuelve a instalarse en la sobremesa: qué esperaríamos de esta segunda parte, y sobre todo, qué nos puede llegar a ofrecer Berg con ese manejo de la cámara pausado pero implacable que le conocimos en Cónclave y en Sin novedad en el frente. La invitación queda hecha: café, facturas, y a discutir hasta que se enfríe el mate.

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Ignacio SayagoCultura y folclore

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