Boca, cuatro llaves a la Libertadores y un mes que no perdona
El Xeneize eliminó a Racing, se metió entre los cuatro semifinalistas de la Copa Argentina y se aferra a cuatro caminos para llegar a la Copa Libertadores 2027. La agenda que se viene obliga a Arruabarrena a decidir qué priorizar.
Tómese posición el que quiera. Yo ya tomé la mía: lo de Boca ante Racing no fue un triunfo cualquiera, fue un mensaje. Después de meses de dudas, de un equipo que se caía a pedazos en cualquier cancha, el Xeneize se plantó, lo dio vuelta y se metió en las semifinales de la Copa Argentina. Y de paso, se aseguró seguir soñando con la Libertadores 2027, que no es un detalle menor en la Ribera.
Porque esa Libertadores, la del año próximo, sigue siendo la obsesión de toda la Bombonera. Y Boca no tiene un camino: tiene cuatro. Sí, cuatro llaves para abrir la misma puerta. Lo curioso es que las cuatro dependen, en mayor o menor medida, del mismo mes que se viene.
Las cuatro puertas que Boca todavía tiene abiertas
Esta nota es explicativa: vale la pena repasar cada una.
- Copa Argentina: ya está entre los cuatro semifinalistas. El próximo rival es Banfield, con cruce previsto en principio para el martes 6 de octubre en cancha neutral. El que gane la final se mete directo en la fase de grupos de la Libertadores.
- Torneo Clausura: dentro de la Zona A, la primera meta es meterse en los octavos de final. De ahí en adelante, todo es eliminación directa. Salir campeón da pasaje continental.
- Copa Sudamericana: la semifinal ya tiene rival confirmado. Será nada menos que contra Vasco da Gama. La ida va el 13 de octubre en La Bombonera y la vuelta, el 20 en Brasil. Si pasa, lo espera el ganador de Atlético Mineiro y Montevideo City Torque en la final. Levantarla también clasifica a la Libertadores.
- Tabla anual: Boca marcha tercero en el acumulado del Apertura y el Clausura. Si termina entre los tres primeros, se asegura la clasificación sin necesidad de gritar campeón en ninguno de los certámenes anteriores.
O sea, ganar o no ganar. Concretamente, terminar en el podio de la tabla anual funciona como una especie de red de seguridad para los tiempos que se vienen. Cada punto que sume en el Clausura cuenta doble: lo acerca al título local y, al mismo tiempo, lo sostiene en ese ranking general.
Pero el gran problema no son los caminos. El gran problema es el calendario. Boca encara un mes con ocho partidos en treinta días. A eso lo traduzco, para que se entienda mejor: un encuentro cada tres días y medio, con una mochila pesada y una agenda que incluye viaje al exterior para enfrentar a Vasco. Para colmo, hay que cruzar la frontera en uno de los momentos más calientes del año. Pocas veces la frase "partido a partido" fue tan literal como ahora.
(Una pausa para la dirigencia, que siempre cae bien: muchachos, está perfecto soñar con la Libertadores, pero también estaría buenísimo que alguien se siente a planificar los viajes, los descansos y las cargas. Porque por ahora, todo parece arreglarse con pecho y con la camiseta mojada de los pibes.)
En estos treinta días decisivos, los números del historial también hablan. Boca disputó 18 cruces directos por Copa Argentina desde 2010, con nueve victorias, cuatro empates y cinco derrotas. Frente a Banfield, en partidos de eliminación directa por copas nacionales, el Xeneize sacó siete triunfos en diez enfrentamientos, con dos caídas. El historial reciente ante Racing, en tanto, le venía siendo esquivo: perdió tres de los últimos cinco mano a mano por Copa Argentina. Lo del otro día cortó una racha que ya empezaba a preocupar. Y en el plano internacional, ante rivales brasileños por eliminación directa, Boca ganó nueve series sobre las últimas veinte que jugó en copas. Un número que no es para tirar manteca al techo, pero que tampoco es para asustarse. Por eso insisto: la remontada ante la Academia no fue un accidente. Fue un golpe anímico en medio de un calendario que no perdona a nadie.
¿Qué debería priorizar Arruabarrena en este tramo? Se lo pregunto en serio, y se lo respondo con la misma ironía de siempre: priorizar todo es no priorizar nada. Si me obliga a elegir, me quedo con el Clausura y la tabla anual. Son las dos competencias que no se pueden elegir: los puntos caen solos y definen la suerte por más que el equipo juegue mal una noche. La Copa Argentina y la Sudamericana son carambolas: hay que ganarlas en series de 180 minutos, con arbitrajes que a veces ayudan y a veces no.
Ojalá que elija bien. Y ojalá que esta vez, como ante Racing, la historia se escriba del lado de Boca. Porque con cuatro llaves en el bolsillo y un mes infernal por delante, no hay margen para equivocarse.
