Black Torch: la historia del chico que convive con un espíritu con forma de gato
La serie animada de 100studio adapta el manga de Tsuyoshi Takaki y se puede ver completa en Crunchyroll, con doce episodios que no llegan a las seis horas de duración total.
Me imagino la sala de un departamento porteño, ya entrada la tarde, con el ruido del colectivo pasando por la ventana y alguien buscando algo nuevo para mirar el fin de semana. Si te pasa eso, vale la pena que te detengas en Black Torch, una serie de anime de doce episodios que se ven en una tarde y que toma el mito del ninja de pueblo y lo mezcla con criaturas del más allá. La animé en Crunchyroll y me quedó dando vueltas, sobre todo por el lazo que se arma entre sus dos protagonistas.
Una amistad que empieza en el bosque
La historia arranca con Jiro, un pibe de barrio criado por su abuelo, que de chico le transmitió el oficio ninja. El detalle que lo distingue es simple y a la vez raro: Jiro puede hablar con los animales, entenderlos y hacerse entender. Un día, mientras da vueltas por el bosque, se topa con un mononoke, un espíritu con pinta de gato negro que está malherido y lleva años sellado. Se llama Rago y, lejos de salir corriendo, Jiro decide ayudarlo. Ese gesto es el que termina marcando el rumbo de los dos.
Lo que pasa después es lo que le da densidad al vínculo: aparece otro mononoke y ataca. Jiro se mete para cubrir a Rago y termina recibiendo una herida que, por la pinta, no tiene arreglo humano. Para salvarlo, el espíritu no tiene otra que fundirse con él. Desde ese momento, el muchacho carga con una fuerza sobrenatural dentro del cuerpo y la relación con Rago se vuelve el corazón de la serie. Es de esas alianzas donde uno sostiene al otro cuando las cosas se ponen feas, y se nota en cada capítulo.
La Oficina y el departamento que pelea contra espíritus
Después de la fusión, los dos terminan trabajando en la Oficina de Espionaje, una estructura con recursos y reglas claras. Ahí los asignan a Black Torch, un departamento nuevo, creado especialmente para enfrentar a los espíritus malignos que aparecen en la ciudad. La organización le da marco a los combates y permite que la historia se abra más allá del encuentro en el bosque, con operativos, rivales y rivales que aparecen cuando menos se los espera.
El equipo central lo completan una joven y un tercer personaje de carácter más serio, que encara las misiones con la cara larga del que ya vio de todo. La convivencia entre los tres, el manejo de un poder que excede a cualquiera de ellos y los choques contra monstruos son los ejes que atraviesan los doce episodios. Todo se mueve con un ritmo ágil, sin relleno, y la fantasía urbana convive con la tecnología y las técnicas ninja sin pedir permiso.
De manga breve a serie concentrada
El material original tiene su propia historia y vale la pena conocerla. Tsuyoshi Takaki empezó a publicarlo en 2016, después pasó al formato digital y terminó cancelado en 2018, con 19 capítulos distribuidos en cinco tomos. Es decir, la fuente es corta y la adaptación la respeta: por eso la serie tiene menos de seis horas de duración total y se deja mirar de una sentada, sin ese agobio de los shonen que se estiran hasta el infinito.
A mí, lo que más me enganchó fue el vínculo entre Jiro y Rago: un muchacho criado por un abuelo que le enseñó el oficio y un espíritu con forma de gato que termina siendo algo así como su compañero de ruta. Hay algo de peña de barrio en esa pareja despareja, de esas que se arman en cualquier esquina cuando uno cuida al otro y el otro devuelve el favor. La pregunta que te dejo es la misma que se hace cualquier abuelo mirando la tele junto a su nieto: qué te pesa más a vos de la serie, el lazo entre los dos protagonistas o el mundo sobrenatural que arma Takaki. Si querés opinar de eso, te espero en la peña del finde, entre un mate y un tema de alguien que todavía toca en el barrio.
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