Bajar de peso no es solo una cuestión de fuerza de voluntad: la cabeza y el corazón cuentan, y mucho
Factores genéticos, emocionales y del entorno condicionan la relación con la comida y la capacidad de sostener los cambios a largo plazo. La OMS pide un abordaje que integre cuerpo y mente, y un metaanálisis de 37 estudios ya mostró que sumar apoyo psicológico mejora los resultados frente a los planes convencionales.
A Claudia, de Villa del Parque, le decían que tenía que comer menos y moverse más. Se lo dijeron tantas veces que empezó a sentir que el problema era ella, y no el tratamiento. Lo cuenta todavía con un nudo en la garganta, sentada en un consultorio del barrio, mientras repasa los años de dietas que empezaban el lunes y terminaban el miércoles. Es una historia que se repite en casi cualquier mesa de familia de la Argentina y que tiene, según la evidencia más reciente, una explicación que va bastante más allá de la fuerza de voluntad.
Lo primero que conviene entender, y aquí me apuro a decir lo que fui a aprender a una clínica de Buenos Aires, es que bajar de peso no depende solo de comer menos y moverse más. El hambre, el descanso, el estrés, el estado de ánimo, la genética y el entorno alimentario inciden de manera directa en la relación que cada persona construye con la comida y, sobre todo, en la posibilidad de mantener los cambios con el paso del tiempo. Cuando los tratamientos se limitan a dar pautas de alimentación y ejercicio sin contemplar los factores emocionales y conductuales, los resultados suelen ser difíciles de sostener, y los pacientes, como Claudia, cargan con la culpa de un fracaso que no es solo suyo.
Lo que dice la OMS y qué encontraron los estudios
La Organización Mundial de la Salud sostiene que la obesidad surge de la interacción entre una cierta susceptibilidad biológica y las influencias ambientales y psicosociales que cada uno atraviesa. Por eso, el organismo recomienda una atención multimodal que integre intervenciones conductuales, nutricionales, psicológicas y médicas, adaptada a las necesidades reales de cada persona y no a un molde único.
En la misma línea, un metaanálisis que revisó 37 estudios, incluyendo 21 ensayos clínicos aleatorizados, encontró resultados favorables de las intervenciones psicológicas frente a los abordajes mínimos o habituales en el manejo del peso. La terapia de aceptación y compromiso fue la que presentó la evidencia más consistente de eficacia en el seguimiento posterior a los 18 meses, según el trabajo publicado en la revista Obesity Reviews. En otras palabras, sumar a un profesional de la salud mental al equipo que acompaña un tratamiento para bajar de peso no es un lujo ni un complemento decorativo: es una pieza que marca diferencias medibles.
Genética, cansancio y emociones: por qué dos personas con la misma dieta engordan distinto
La genética, además, tiene un papel muy concreto que muchas veces se pasa por alto. Ciertas variantes genéticas influyen en los mecanismos cerebrales que regulan el hambre y la saciedad; otras intervienen en el metabolismo, es decir, en la forma en que el organismo usa y almacena la energía que recibe de los alimentos. Estas diferencias ayudan a entender por qué personas con planes alimentarios prácticamente iguales pueden obtener resultados muy distintos, y por qué la comparación con el vecino o con la amiga del gym rara vez sirve como termómetro.
El estado emocional y el nivel de cansancio, mientras tanto, afectan de manera directa la capacidad de sostener decisiones vinculadas con la alimentación. Cuando alguien se sale del plan previsto, una respuesta rígida puede generar la sensación de haber perdido el control por completo, lo que a veces termina derivando en comer de forma desinhibida, como un efecto rebote emocional. Una respuesta más flexible, en cambio, permite reconocer el episodio sin interpretarlo como el abandono de todo el proceso, y eso, a la larga, suele ser lo que sostiene el cambio.
“El abordaje tiene que ser prolongado, combinar alimentación, actividad física y aspectos psicológicos, y estar orientado a cada persona, porque no hay una fórmula que le sirva a todo el mundo por igual.”Sociedad Europea de Cardiología, en sus recomendaciones sobre tratamiento de la obesidad
