Aquella frase del granero: cómo un discurso de Rick Grymes se volvió el lema de una generación de fans de The Walking Dead
Andrew Lincoln la dijo una sola vez en once temporadas y, sin embargo, terminó definiendo el alma de la serie. Repasamos el origen en el cómic de Robert Kirkman, la réplica de Daryl Dixon y el cierre que llegó con el final.
Hay un sonido que me sigue cada vez que me siento a escribir sobre The Walking Dead, y no es el de los caminantes arrastrando los pies por la ruta, sino algo mucho más terrenal: el eco apagado de un bombo legüero perdido en la memoria, como si el patio de un club de barrio todavía estuviera resonando con la última peña. Pero hoy la música se apaga, porque la nota va de otro viaje largo, el de Rick Grymes y su gente, caminando durante once temporadas por un mundo que se les caía encima. Y en medio de tanta oscuridad, hubo una frase que se dijo una sola vez y, sin embargo, quedó tatuada en la cabeza de cualquiera que haya visto la serie.
Esa frase fue "nos decimos a nosotros mismos que somos los muertos vivientes", y la pronunció Andrew Lincoln en el décimo episodio de la quinta temporada, en una de las escenas más recordadas de toda la tira. El grupo venía de perder a Beth y a Tyreese, marchaba agotado hacia Washington con el hambre y la sed como compañeros de ruta, y el ánimo estaba por el suelo. Rick los reúne en un granero, los mira a los ojos y empieza a contar la historia de su abuelo, un veterano de la Segunda Guerra Mundial que entraba en combate convencido de que ya estaba muerto. La idea, claro, no era rendirse, sino todo lo contrario: si ya estás muerto, no tenés nada que perder, y entonces podés cumplir con tu deber. A partir de ahí, Rick traza el paralelo con la vida que llevan: habían perdido tanto, habían visto tanto, que apenas podían considerarse vivos en el sentido humano del término.
La respuesta de Daryl y la objeción del personaje más querido del elenco
Pero en ese mismo capítulo aparece la objeción, y la pone en boca de Daryl Dixon, el personaje que Norman Reedus se llevó puesto durante una década. Daryl no la acepta del todo, y su respuesta es de las que quedan flotando en el aire: "nosotros no somos como ellos". Para Daryl, el sufrimiento no los había convertido en muertos en vida; seguían siendo personas capaces de elegir, de parar la mano, de mirar al otro a los ojos. Es una de esas réplicas que dicen más que cualquier párrafo, y que durante años funcionó como la contracara necesaria del discurso del granero.
Lo curioso es que la frase no fue un invento del equipo de guionistas de la televisión. Robert Kirkman ya la había escrito en el número 24 del cómic original, publicado allá por 2005, aunque en otro contexto: Rick reflexionaba sobre los límites de la prisión como refugio y concluía que los propios sobrevivientes eran, en el fondo, los verdaderos muertos vivientes. La serie tomó esa semilla, la plantó en otro terreno y la dejó crecer hasta convertirla en una meditación sobre el desgaste emocional de años de huida, de pérdida y de decisiones imposibles.
“Nos decimos a nosotros mismos que somos los muertos vivientes.”Rick Grymes, episodio 10 de la quinta temporada
- Temporada y episodio: quinta temporada, décimo episodio, emitido en 2015.
- Contexto inmediato: el grupo marcha hacia Washington tras la muerte de Beth y Tyreese, con el ánimo por el suelo.
- Disparador del discurso: la historia del abuelo de Rick, veterano de la Segunda Guerra Mundial.
- Réplica inmediata: Daryl Dixon le responde "nosotros no somos como ellos" en la misma escena.
- Origen en el cómic: número 24 de la historieta de Robert Kirkman, publicado en 2005.
- Cierre del arco: Daryl pronuncia la respuesta definitiva en el final de la undécima temporada, el 20 de noviembre de 2022.
Siete años después, la frase volvió para ser desmentida
El arco se cerró el 20 de noviembre de 2022, en el último episodio de la undécima temporada, con una escena que muchos esperaron durante años. Frente a los soldados de la Commonwealth, que obedecían a una dirigente dispuesta a dejar a los civiles expuestos a los caminantes, Daryl tomó la palabra y pronunció la respuesta que llevaba siete temporadas pendiente: "no somos muertos vivientes". Alcanzó con esas pocas palabras para que los soldados bajaran las armas, en uno de los momentos más emotivos de toda la serie. Era, de algún modo, la confirmación de lo que Daryl siempre había sostenido en voz baja: por más rota que estuviera esa gente, seguían siendo personas.
Lo que más me gusta de esta historia, y se lo escuché una vez a un viejo vecino que se sienta en la puerta de su casa a tomar mate mientras le cuenta novelas a quien se anime, es que la serie no dejó la frase como un slogan para la remera. La puso, la discutió, y la dejó volver siete años después para ser desmentida desde el mismo lugar del que había salido. Es el tipo de cierre que uno quisiera ver más seguido en la ficción, y que en The Walking Dead llegó casi como un regalo para los que aguantamos hasta el final. Si te quedó gustito a despedida, este finde hay peña en el club del barrio: llevá tu memoria de la serie y la intercambiamos por un par de empanadas y un vino que no sea del supermercado. Ahí nos vemos.
