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Viernes, 2 de octubre de 2026
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Aluminé abre una vidriera para los dibujos de Daniel Lefiman, un vecino que pasó del cuaderno a la sala

La Casa de la Cultura de la localidad neuquina expone hasta el 2 de octubre los personajes de animé y videojuegos de un artista local de 39 años que muestra por primera vez su trabajo fuera del círculo familiar. El montaje, pensado para recorrerse paso a paso, lo hizo junto a su cuidador y con el impulso de una asociación civil que lo acompaña hace años.

Por Griselda VillavicencioSociedad y salud · · hace 1 h
Aluminé abre una vidriera para los dibujos de Daniel Lefiman, un vecino que pasó del cuaderno a la sala

Llegué a la Casa de la Cultura de Aluminé casi sin aliento, después de caminar varias cuadras por el barrio céntrico, y lo primero que encontré fue a Daniel Lefiman, de 39 años, parado al lado de sus propios dibujos como si todavía no terminara de creer que estuvieran ahí, colgados en una pared, con luces y todo, a la vista de cualquiera que se digne entrar. Este vecino, que vive en la localidad neuquina y dibuja desde que tiene memoria, está atravesando una experiencia nueva para él: su primera muestra abierta al público, que se puede visitar hasta el 2 de octubre, después de haber quedado inaugurada a fines de septiembre.

La propuesta forma parte del ciclo de artistas locales que organiza la Casa de la Cultura y reúne una selección de trabajos en los que Daniel volcó, sobre el papel, buena parte del mundo que lo acompaña desde chico. El visitante se topa con personajes de animé y con escenas inspiradas en videojuegos, en una instalación armada para que las obras se miren desde varios ángulos y haya que moverse, agacharse, girar la cabeza, para entrar de verdad en cada dibujo.

Los referentes que Daniel lleva en el teléfono

  • Dragon Ball Z aparece como una de sus fuentes principales y Goku es, casi sin dudarlo, el personaje al que más veces volvió con el lápiz en la mano.
  • Pokémon y Los Caballeros del Zodíaco completan el universo de referencias que Daniel guarda en su celular y traduce después al papel.
  • Para trabajar elige imágenes que conserva en el teléfono y las pasa al papel con cuidado en los detalles y en la paleta de colores.

La historia de cómo estos dibujos salieron del cajón y terminaron en una sala tiene un nombre propio: Marcos Quiroga, artista local y su cuidador, que lo acompaña en la vida diaria. Marcos había compartido con él la experiencia de pintar un mural en la propia casa de Daniel y, al ver la cantidad de hojas que guardaba, le propuso dar el salto y armar una muestra juntos. Lo que siguió fue un trabajo silencioso de selección de producciones anteriores, de realización de otras nuevas y de revisión constante para llegar a la fecha prevista, con Daniel metido de lleno en cada decisión, desde qué cuadros iban hasta cómo había que colgarlos.

Porque, vale aclararlo, hasta ahora la circulación de estos dibujos había sido otra bien distinta: regalados a familiares y amigos, pasados de mano en mano, sin más horizonte que el cariño de quien los recibía. Daniel cuenta que, mientras dibuja, a veces pone música, como si necesitara esa compañía sonora para meterse de lleno en la tarea, y que busca inspiración en sus personajes favoritos, los mismos que después reconoce en las hojas y en los marcadores que va eligiendo uno por uno.

En su vida cotidiana, Daniel cuenta con acompañamiento familiar, con la presencia diaria de Marcos como cuidador y con el respaldo de ACADA, una asociación civil de Aluminé que trabaja con personas con discapacidad. Cecilia, presidenta de la organización, suele destacar que preparar la muestra le permitió a Daniel sostener una tarea con plazos concretos, cumplir con una agenda y, de paso, ganar seguridad para animarse a otros espacios por fuera de la institución. Es, en definitiva, una experiencia que lo encontró dibujando como siempre, pero esta vez con la obligación y el orgullo de hacerlo para los demás.

La invitación queda hecha: quien pase por la Casa de la Cultura de Aluminé antes del 2 de octubre puede recorrer la instalación, detenerse frente a cada personaje y, de yapa, cruzarse con Daniel, que sigue asomándose a sus propios dibujos como quien mira una ventana que se abrió después de mucho tiempo. A veces, dice entre risas mientras acomoda un marco, escucho música mientras dibujo, y esa frase, tan simple, termina siendo la mejor síntesis de un oficio que, en su caso, es también una forma de estar en el mundo.

GV
Griselda VillavicencioSociedad y salud

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