Alcaraz volvió a ser Alcaraz: se calzó la corona en Tokio y ya mira a Shanghái con otra cara
El murciano retuvo el ATP 500 japonés tras cinco meses parado por una lesión en la muñeca, igualó los 27 títulos de David Ferrer y confirmó que la pausa no le sacó el hambre. Tercer trofeo del año, a los 23, y con la mira puesta en el Masters 1000 chino.
A los pibes como Alcaraz hay que dejarlos jugar y, sobre todo, dejarlos volver. Cinco meses afuera, una muñeca que le jugó una mala pasada en abril y una pregunta flotando en el aire: ¿el español iba a tardar en reencontrarse con su mejor versión? La respuesta llegó en Tokio, con la frente bien alta, el trofeo bajo el brazo y una actuación que ratifica lo que ya sabemos: este chico es un animal competitivo.
Este martes 6 de octubre, en el Ariake Coliseum, Carlos Alcaraz venció al checo Jiri Lehecka por 7-6 (4) y 6-4 en una final que se extendió durante una hora y 36 minutos. No fue un paseo: el murciano tuvo que remar en el primer set, salvar un quiebre en contra y fabricar cinco puntos seguidos en el tie-break para terminar cerrándolo 7-4. La segunda manga fue más pareja en los saques, hasta que apareció el break decisivo y el español selló el 6-4 sin necesidad de un tercer parcial.
Los números de un campeón que no se detiene
- 27 títulos ATP: igualó la marca del español David Ferrer.
- 3 consagraciones en 2026: Abierto de Australia, Doha y Tokio.
- Décimo ATP 500 de su carrera.
- Segundo título consecutivo en Tokio, tras el de 2025.
- Regreso al circuito a fines de agosto, en el US Open, tras casi cinco meses inactivo por una lesión en la muñeca.
Los 23 años no le pesan. Alcaraz sigue acumulando pergaminos a una velocidad que asusta y, de yapa, se subió a un listado histórico que enorgullece a cualquier tenista español. Sólo Manuel Orantes, con 34 trofeos, y Rafael Nadal, con 92, quedan por encima suyo en el ranking de títulos ATP entre jugadores de la Península. La vara, claro, la sigue marcando Rafa, y a esa distancia todavía hay un trecho largo. Pero que un pibe de 23 iguale a un Ferrari del tenis como David Ferrer dice bastante de la carrera que se viene.
La temporada, eso sí, quedó partida en dos por la lesión. Antes del parón de abril había levantado el Abierto de Australia y el torneo de Doha, dos señales de que este año iba a ser otro rally ganador. Después llegó la muñeca, el quirófano, la recuperación, y un regreso en el US Open donde todavía estaba buscando ritmo. Tokio fue el primer título tras el regreso y, por cómo lo levantó, parece el punto de partida de la versión 2026 que todos esperan.
(Mientras tanto, la dirigencia del circuito sigue sin entender que un jugador de 23 años con esta clase y este palmarés merece un calendario que no lo lleve al borde del colapso. Cinco meses parado no es un detalle, es una señal de alarma. Pero bueno, parece que la salud de los tenistas se discute siempre después, cuando ya están en la sala de prensa con hielo en la muñeca.)
Lo concreto: la gira asiática sigue y el próximo destino es el Masters 1000 de Shanghái, otra parada brava donde Alcaraz deberá confirmar que Tokio no fue un espejismo de una semana, sino el reinicio real. Si la muñeca responde y la cabeza lo acompaña, lo de 2026 puede terminar siendo un año de esos que se recuerdan. Y a esta altura, después de cinco meses de incertidumbre, que Alcaraz vuelva a festejar ya es una buena noticia para el tenis. Que el técnico, o quien decida el calendario, se ocupe de que el murciano no termine otra vez parado en pleno agosto. Algo se aprende, ¿no?
