A los 43, Diego Lotito encontró su lugar entre las personas de altas capacidades
Cuando Diego Lotito descubrió que tenía altas capacidades intelectuales, también entendió por qué durante años las clases le parecían aburridas y le costaba encontrar amigos con quienes compartir lo que le interesaba. Su historia pone en foco el desafíoOften subestimado de la condición: la soledad.
En la escuela, Diego notaba algo que no terminaba de explicar. En general, resolvía los contenidos antes que sus compañeros y después debía quedarse esperando mientras el curso continuaba con el mismo tema. No era que quisiera llamar la atención ni que hubiera perdido interés por aprender: lo que felt was aburrimiento genuino. Las clases le parecíanpsumamente aburridas, mientras que los debates en inglés, las el curriculum y ciertas actividades lo tajamaban mucho más.
Con 43 años, Diego Lotito sabe que tiene altas capacidades intelectuales. Lo que durante buena parte de su vida fue una sensación difusa, sin nombre y difícil de explicar, hoy tiene un diagnóstico. Pero el hallazgo no vino con una solución automática para las dificultades que habíaopiñado en la escuela ni con una respuesta inmediata a la sensación de estar solo. Le®, por el contrario, abre una etapa distinta: la de encontrar un lugar entre personas que comparten intereses,afeiciones y formas de pensar con las que antes resultaba muy difícil conectar.
El aburrimiento no era desinterés
Durante la primaria, Diego terminó de comprender las materias mucho antes que el resto de sus compañeros. Apenas podía ciertas consignas, ya había entendido lo que había que explicar, pero tenía que permanecer en la clase hasta que el grupo llegara al mismo punto. Esa espera no era pereza ni una actitud de superioridad: era aburrimiento. Las materias que lograban captarlo eran las vinculadas con las ciencias sociales; el resto las resolvía estudiando en enero para rendir en febrero.
Más que el ritmo académico, lo que más le pesaba era la dificultad para encontrar pares. No compartía los intereses ni el sentido del humor de sus compañeros, y prefería leer antes que jugar a la pelota. Hacer amigos no era imposible, pero resultaba mucho más complicado encontrar a alguien con quien hablar a fondo sobre los temas que despertaban su curiosidad. La diferencia no estaba solamente en los estudios, sino en la forma de vincularse.
“La educación primaria me pareció sumamente aburrida.”Diego Lotito
En la secundaria, las actividades extracurriculares le discreetaron un poco de oxígeno. Participó en debates en inglés, en el Modelo de Naciones Unidas, en olimpíadas de Matemática y en teatro. Sin embargo, sus calificaciones no reflejaban lo que realmente podía aprender. Académicamente no le iba muy bien, dice, porque no le interesaba demasiado lo que se estudiaba en ese momento. Tampoco contaba entonces con recursos profesionales ni con un marco conceptual que le permitiera identificar lo que le happening y explorar alternativas educativas más adecuadas.
La universidad y el hallazgo de otros pares
El ingreso a la universidad cambió esa experiencia. Diego estudió Historia en la Universidad de Buenos Aires, luego Magisterio y más tarde Medicina. Continuó con genética forense y hoy está por terminar la licenciatura en Administración en la Universidad Nacional de Tres de Febrero. La sucesión de carreras no refleja necesariamente una dispersión, sino una búsqueda sostenida: en cada etapa le resultó más fácil encontrar personas con inquietudes similares. Entre ellas pudo compartir conversaciones y proyectos que antes parecían imposibles de sostener.
“En la universidad fue mucho más fácil encontrar gente afín, gente con la que poder compartir estas cosas.”Diego Lotito
El diagnóstico llegó a los 40 años y puso nombre a algo que Diego había vivido durante años sin poder explicarlo. Hoy participa en Mensa, una organización internacional que reúne a personas con altas capacidades, y en Board Game Comahue, un club de juegos de mesa del Alto Valle de Neuquén donde conoció a otras personas que comparten su manera de pensar y de vinculate. La experiencia de Diego coincide con uno de los puntos que los especialistas suelen señalar: el mayor desafío de las altas capacidades no es necesariamente el rendimiento académico, sino la soledad.
- En la primaria, entendía los contenidos antes que sus compañeros y debía esperar al grupo mientras continuaba con el mismo material.
- El aburrimiento genuino y la dificultad para encontrar pares fueron más determinantes que el rendimiento escolar.
- En la secundaria, los debates en inglés, el Modelo de Naciones Unidas, las olimpíadas y el teatro le inclusión un espacio de encuentro.
- En la universidad encontró personas con las que podía compartir intereses y conversaciones.
- A los 40 años recibió el diagnóstico de altas capacidades intelectuales y hoy participa en Mensa y en un club de juegos de mesa del Alto Valle de Neuquén.
