Trombosis venosa: las cuatro pistas del cuerpo que no conviene pasar por alto
Dolor, hinchazón, cambios de color y calor en una pierna pueden ser la antesala de un coágulo peligroso. Cuáles son los factores que elevan el riesgo, por qué hay etapas de la vida que exigen más cuidado y en qué momento hay que llamar a emergencias.
Vivo en el barrio de San Teli y hace un par de meses me tocó acompañar a un conocido que terminó internado en el hospital Durand por un dolor que empezó siendo una molestia en la pantorrilla y que terminó siendo una trombosis venosa profunda. Salió adelante, sí, pero la pasó mal y me dejó pensando cuántas veces uno ignora señales que el cuerpo manda con bastante claridad. Esa es, en el fondo, la idea de fondo que me llevé de la charla con el cardiólogo preventivo Francesco Lo Monaco: los coágulos de sangre no aparecen de la nada y suelen dar pistas antes de transformarse en una emergencia.
Qué es la trombosis venosa y por qué preocupa tanto
La tromboembolia venosa, como le llaman en los manuales, se produce cuando se forma un coágulo en una vena profunda, generalmente en las piernas. El problema grave es cuando ese coágulo se desprende y viaja hasta los pulmones: ahí se convierte en una embolia pulmonar, una complicación potencialmente mortal que requiere atención de emergencia. Por eso no se trata de un tema menor ni de algo para dejar para mañana.
Las cuatro señales que el cuerpo avisa
Lo Monaco identificó cuatro señales físicas a las que conviene prestarles atención porque pueden indicar la presencia de un coágulo. Son las siguientes:
- Dolor o sensibilidad en una pierna, especialmente en la pantorrilla o el muslo.
- Hinchazón en la zona afectada.
- Cambios en el color de la piel, que puede verse roja, azulada o más oscura de lo habitual.
- Sensación de calor localizada en el lugar.
Ninguno de estos síntomas confirma el diagnóstico por sí solo, pero justifica ir al médico para descartarlo. No es para asustarse, es para no dejarlo pasar. Ahora bien, si lo que aparece son señales de embolia pulmonar, ahí no hay tiempo que perder: dificultad respiratoria súbita, dolor en el pecho que se intensifica al respirar, tos con sangre o pérdida del conocimiento son motivos suficientes para llamar a emergencias en el momento.
Quiénes tienen más riesgo de desarrollar un coágulo
Hay factores que incrementan la probabilidad y que conviene conocer, porque varios se pueden trabajar. Haber tenido un coágulo previamente, tener antecedentes familiares o condiciones hereditarias como la trombofilia, fumar, pasar períodos largos con movilidad reducida y convivir con enfermedades como diabetes, insuficiencia cardíaca o cáncer son algunos de los más relevantes.
Tres etapas de la vida de las mujeres que piden más atención
En la vida de las mujeres, hay tres etapas que merecen una mirada particular, según repasó el especialista. El uso de anticonceptivos hormonales con estrógeno se asocia a un incremento del riesgo, aunque es bajo para la mayoría. El embarazo y el posparto son un período de mayor vulnerabilidad, porque el cuerpo activa mecanismos para evitar el sangrado excesivo durante el parto, y eso favorece la coagulación. Y la terapia hormonal que se utiliza para tratar los síntomas de la menopausia también puede elevar el riesgo cuando incluye estrógeno.
La frase del especialista
Lo Monaco lo resumió con una idea que, a mi entender, resume todo lo anterior y vale la pena repetir: "La prevención comienza por comprender los propios riesgos, en lugar de asumir que sentirse bien significa que todo está bien". El especialista insistió en que los riesgos no son fijos a lo largo de la vida: el embarazo, los tratamientos hormonales y los cambios en la movilidad pueden modificarlos, de modo que el consejo más adecuado varía según la historia clínica de cada persona. Para mí, después de haber visto de cerca lo que puede pasar, esa es la mejor forma de quedarse después de leer esta nota: no es cuestión de vivir con miedo, sino de prestarle atención al cuerpo antes de que tenga que gritar.
