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Martes, 3 de noviembre de 2026
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Ríos contaminados, vecinos que no se resignan: la miniserie británica que revisa veinte años de vertidos

Un drama en tres episodios, basado en hechos reales, sigue a dos jubilados que investigan la turbidez del río Windrush y terminan destapando un problema de alcance nacional.

Por Ignacio SayagoCultura y folclore · · hace 2 h
Ríos contaminados, vecinos que no se resignan: la miniserie británica que revisa veinte años de vertidos

Hay historias que empiezan con algo tan simple como mirar el agua de un río y notar que algo no está bien. Eso es lo que propone la miniserie «Negocios turbios», un drama de tres episodios basado en hechos reales que, como cuenta el material que tuvimos a la vista, parte de una inquietud local y termina mostrando décadas de vertidos de aguas residuales sin tratar, falta de inversión en infraestructura y controles insuficientes que golpearon ríos y costas de todo el Reino Unido.

Dos vecinos jubilados que no se quedan quietos

El centro de la trama son Ashley Smith, un expolicía interpretado por David Thewlis, y Peter Hammond, un profesor de matemáticas jubilado al que da vida Jason Watkins. Ambos empiezan a investigar cuando notan que el río Windrush, en los Cotswolds, presenta una turbidez que no recuerdan haber visto antes. Las explicaciones de la compañía de agua responsable no los dejan conformes y deciden seguir por su cuenta, con lo que cada uno sabe hacer: la experiencia policial de uno y la capacidad del otro para manejar grandes volúmenes de datos les permiten detectar patrones que apuntan a un problema mucho más grande que un caso aislado.

Tres líneas de tiempo que se cruzan

  • 2016: arranca la investigación principal sobre el Windrush.
  • 1999: una familia viaja a Dawlish, en Devon, a una playa que entonces tenía distinción de calidad del agua.
  • 2008: el organismo regulador ambiental empieza a delegar en las propias compañías de agua la detección de incumplimientos mediante un sistema de autocontrol.
  • 1989: la privatización del sector del agua, que según la serie marca el origen del problema.

La línea de 1999 es la más dura de seguir. Mark y Julie Preen llegan con sus hijas para pasar las vacaciones, y la mayor, Heather, de ocho años, entra en contacto con el agua contaminada por un vertido visible en la orilla. Dos semanas después muere a causa de una infección por la bacteria E. coli O157. El caso nunca llegó a esclarecerse por completo, y el veredicto determinó que la muerte fue accidental. Es una historia que duele, y la serie la usa para mostrar que detrás de las cifras hay familias concretas.

Lo que hace valiosa la ficción, según lo que describe el material, es que incorpora imágenes reales grabadas por activistas y no se limita a la investigación de dos personajes. También aborda la relación entre los organismos reguladores y las empresas supervisadas, el nivel de las multas aplicadas y las remuneraciones de algunos directivos del sector. Todo está dirigido por Joseph Bullman, y el resultado busca reconstruir, con paciencia y sin caricaturas, cómo se llegó a una situación tan delicada.

Como lector, me quedo con la idea de que la preocupación de dos vecinos puede ser el primer hilo de una historia enorme. Vale la pena mirar la miniserie con calma, sin apuro, dejando que cada episodio nos haga pensar en lo que tomamos del río y en quién debería cuidarlo.

IS
Ignacio SayagoCultura y folclore

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