Pastillas para vivir más: la letra chica de una promesa que la ciencia todavía no firma
El boom de los suplementos de longevidad, desde precursores de NAD+ hasta vitaminas y omega-3, se apoya en resultados de laboratorio que no siempre se sostienen cuando se prueban en personas. Qué dice la evidencia y por qué especialistas insisten con una recomendación mucho menos glamorosa.
A Claudia la encontré una mañana de jueves en la farmacia del barrio de Belgrano, mientras le pedía consejo al mostrador sobre un frasco con letras doradas que prometía, palabra más palabra menos, sumar años de vida. Venía con la idea casi hecha, me dijo, después de ver un reels y un podcast. Le pregunté qué esperaba del producto y me respondió, con esa sinceridad que tenemos los adultos cuando hablamos de achaques propios y ajenos, que buscaba un empujón para la energía y, sobre todo, una manera de no llegar tan rota a los setenta. Me fui de ahí con la misma pregunta que traía: alcanza con comprar un frasco para que el cuerpo haga el resto, o hay algo de esa publicidad que no cierra del todo cuando se mira con los anteojos de la ciencia.
NAD+ y sus precursores: qué se probó y qué falta probar
El NAD+ es una coenzima que está en todas las células del cuerpo y cumple un papel central en el metabolismo energético y en la reparación del ADN. Con el paso de los años sus niveles bajan y, en experimentos de laboratorio con líneas celulares y con animales, aumentar su disponibilidad mejoró varios indicadores metabólicos. De ahí salió una camada entera de suplementos con NMN y nicotinamida ribósido, que se comercializan como una inversión en longevidad. El problema, como me lo planteó una médica endocrinóloga con la que consulté para esta nota, es que el salto entre una mesada de laboratorio y una recomendación para personas reales todavía no se hizo del todo. Los ensayos clínicos en humanos confirman que estos precursores elevan el NAD+ en sangre, pero no hay evidencia suficiente de que ese aumento se traduzca en menos enfermedades, mejor funcionamiento orgánico o más años de vida. Que un valor se mueva en un análisis no es lo mismo que vivir más.
Vitaminas y minerales: la decepción de los megaestudios
La lógica se repite con vitaminas y minerales clásicos. El estudio SELECT, con más de 35.000 participantes, mostró que el selenio no previno el cáncer de próstata; además, quienes recibieron vitamina E presentaron mayor riesgo de desarrollar la enfermedad durante el seguimiento. El ensayo VITAL, con cerca de 25.000 personas, no encontró que la vitamina D ni el omega-3 redujeran el cáncer ni los eventos cardiovasculares en quienes no tenían déficit previo. Eso no significa que estos nutrientes sean inútiles: cuando existe una carencia real, corregirla tiene impacto concreto. Las deficiencias de vitamina B12 y de vitamina D son frecuentes en personas mayores y tratarlas mejora la calidad de vida. La diferencia, como repite un médico clínico cada vez que puede, está en medir primero y suplementar solo si el déficit está comprobado, no en tomar a ciegas porque un lo dice bien fuerte.
- NAD+ y precursores (NMN, nicotinamida ribósido): suben el marcador en sangre, sin evidencia clínica de más años o menos enfermedad.
- Selenio y vitamina E: el estudio SELECT descartó la prevención del cáncer de próstata y encontró más riesgo con la vitamina E.
- Vitamina D y omega-3: el ensayo VITAL no mostró beneficios en cáncer ni en eventos cardiovasculares sin déficit previo.
- Vitamina B12 y vitamina D: útiles y recomendables cuando hay carencia diagnosticada, especialmente en adultos mayores.
- Hábitos cotidianos: la única receta con respaldo firme para ganar años con calidad.
La ciencia médica trabaja en tres escalones, y esto es clave para no caer en la trampa del marketing. Primero, lo que se observa en una célula aislada. Después, lo que pasa cuando se prueba en animales. Y recién en tercer lugar, lo que confirman los ensayos clínicos en miles de personas. Casi toda la oferta comercial de suplementos de longevidad se apoya en los primeros dos escalones y se presenta como si ya hubiera pasado el tercero. Un hallazgo real pero acotado termina convertido en una promesa grande que nadie demostró en la clínica.
Lo que sí tiene evidencia sólida (y casi nunca viene en cápsulas)
Cuando le pregunté a la endocrinóloga qué recomendaba ella, pensando en una paciente como Claudia, me dijo algo que sonó a baldazo de agua fría pero también a alivio: lo que muestra evidencia robusta para vivir más y mejor no se compra por internet. Actividad física regular, con ejercicios de fuerza incluidos; alimentación equilibrada con proteínas suficientes; buen descanso; no fumar; y vínculos sociales, esos lazos que a veces olvidamos cuidar y que pesan tanto como cualquier suplemento. Insistió, además, en que cualquier decisión sobre cápsulas o frascos se hable antes con el médico de cabecera, sobre todo en personas mayores, polimedicadas o con enfermedades crónicas. Y cerró con la frase que me quedó dando vueltas: la longevidad no se frena con un comprimido, se construye con lo que hacemos todos los días.
