La tablet de Huawei que cabe en la mesa y se banca el fuego: así se mueve la MatePad Pro Max en el mano a mano de los gamers
Pantalla OLED 3K de 13,2 pulgadas, 60 fotogramas estables en los juegos más pesados y un tratamiento antirreflejos que se siente como papel: la apuesta fuerte de la marca china para competir de igual a igual con iPad Pro y Galaxy Tab.
A esta altura ya lo sabe cualquiera que se haya criado detrás de un mostrador o haya compartido patio con los más grandes: cuando aparece un aparato nuevo, lo primero que se hace es mirarlo de arriba abajo, sopesarlo en la mano y, si se puede, arrancarlo a ver cómo responde. Con la MatePad Pro Max de Huawei me pasó algo parecido a esas veces en que dobla la esquina el vecino que siempre trae la sorpresa: la primera impresión es que la cosa vuela, y después vienen las preguntas. ¿Se banca lo que promete? ¿Le llega el aire a los juegos pesados? ¿La pantalla se banca el sol del patio un domingo a la siesta? Bueno, fui juntando las respuestas y las dejo acá, a la buena de dios, como en la peña de los viernes.
Una pantalla que pide pista
El panel flexible OLED de 13,2 pulgadas es, sin vueltas, lo que más llama la atención. La marca lo presenta con resolución 3K, que en los papeles significa 3.000 por 2.000 píxeles, y lo respalda con un brillo pico de 1.600 nits y una relación de contraste de 2.000.000:1. En criollo: los negros son negros de verdad, sin esa luz de fondo que suelen tener las tablets convencionales, y las escenas oscuras de los videojuegos se ven con la nitidez que el jugador necesita para no perder detalle. Mi vieja, que es de las que mira todo con ojos críticos, repetía una frase que me quedó dando vueltas: hijo, si esto se ve así en la tablet, imagináte en el cine.
Lo que Huawei bautiza como PaperMatte es un grabado a nanoescala sobre el vidrio que dispersa la luz directa y termina con los reflejos. Más allá del nombre marketinero, lo que se nota al usarla es una superficie de tacto suave, casi como pasar el dedo por una hoja de papel grueso, y la fatiga visual baja un montón en sesiones largas. Para los que dibujamos o tomamos apuntes con el M-Pencil Pro, la microtextura da la fricción justa para que el trazo no patine: la latencia, según los datos que manejé, es prácticamente imperceptible.
Rendimiento: chip de ocho núcleos que no pestañea
El corazón de la MatePad Pro Max es un HiSilicon Kirin de ocho núcleos acompañado por 12 GB de memoria RAM. En los bancos de prueba, esa combinación marcó 2.521 puntos en mononúcleo y 5.025 en multinúcleo dentro de Geekbench 7, mientras que en la API gráfica Vulkan registró 2.565 puntos. ¿Qué quiere decir eso en el barrio? Que es un procesador pensado para el gaming móvil estándar, no para romper récords frente a chips exclusivamente gráficos. Se banca lo que se le pide y, sobre todo, no se queda corto.
- Genshin Impact corrió a 60 fotogramas por segundo con la calidad en Muy Alta y sin cortes durante toda la sesión de prueba.
- Honkai: Star Rail sostuvo 60 fps en ajustes altos, con caídas muy puntuales recién en las animaciones de habilidades más recargadas durante los combates largos.
- Asphalt Legends se mantuvo en 60 fps constantes con la configuración gráfica al máximo, sin que la pantalla sufriera bajones ni tirones.
Los tres títulos son los mismos que cualquier chico del barrio te nombra cuando habla de juegos pesados, así que sirven de termómetro real. La estabilidad en 60 fps no es un dato menor: significa que la imagen no se entrecorta en medio de una carrera o una pelea decisiva, que es exactamente cuando uno se acuerda de la marca del aparato.
Sonido, batería y conectividad: el combo que completa la propuesta
El sistema de audio lleva seis altavoces distribuidos que, según pude comprobar, suben el volumen bastante sin que las frecuencias altas se distorsionen. Para ver una película en la cama o escuchar un tema mientras se cocina, alcanza y sobra. La batería, por su parte, es de 10.400 mAh con carga rápida de 66 W, una cifra que en la práctica se traduce en varias horas de juego o de streaming sin andar pidiendo cargador a cada rato. A eso se le suma un puerto USB 3.1 para pasar archivos rápido y conectar accesorios, una cámara principal de 50 megapíxeles con video en 4K y una frontal de 12 megapíxeles pensada para videollamadas con buena luz.
El cuerpo, otra cosa que no pasa desapercibida, mide 289 por 196 milímetros, pesa 509 gramos y tiene apenas 4,7 milímetros de grosor. Es delgada de verdad, lo justo para llevarla en una mochila sin que moleste y para que la muñeca no se canse en una sesión larga.
¿Le alcanza para pelear arriba?
Entonces, para volver a la pregunta del arranque: ¿la pantalla antirreflejos y los 60 fps estables son suficientes para que esta tablet desplace a iPad Pro y a la Galaxy Tab S en la cabeza del consumidor? La respuesta corta, que es la que más me gusta a mí cuando un abuelo del barrio me pregunta algo parecido, es que depende. Para el jugador móvil y para el creador de contenido que quiere dibujar o editar sin que el reflejo del sol lo traicione, la MatePad Pro Max tiene argumentos sólidos: el panel OLED 3K, el tratamiento PaperMatte, los seis altavoces y la compatibilidad con el M-Pencil Pro la vuelven una herramienta muy completa. Donde todavía no empata de igual a igual es en el apartado gráfico puro, porque el Kirin queda por debajo de los procesadores más bestiales del mercado. La invitación, como siempre, queda abierta: el que quiera sacarse las dudas con las manos, este finde arrancamos la peña y llevamos la tablet para probarla a la vista de todos. Mientras tanto, en mi barrio ya hay quienes empiezan a mirarla de reojo, que es la mejor señal de que algo se está moviendo.
