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Domingo, 18 de octubre de 2026
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La réplica monumental de Stalingrado que el cine alemán tardó medio siglo en filmar

Un rodaje de cinco meses en el frío finlandés, doce mil extras y una ciudad reconstruida porque los bombardeos no dejaron pared en pie: así se cocinó la película bélica que hoy sigue dando que hablar.

Por Ignacio SayagoCultura y folclore · · hace 1 h
La réplica monumental de Stalingrado que el cine alemán tardó medio siglo en filmar

Les soy sincero: cuando uno piensa en grandes reconstrucciones del cine bélico, suelen venir a la cabeza las superproducciones norteamericanas con tanques de colección y desiertos californianos. Pero hay una película alemana de 1993 que merece que le demos una vuelta con detenimiento, porque detrás de sus cinco meses de rodaje se esconden decisiones de producción tan arriesgadas como el propio frente oriental. Me refiero a Stalingrado, de Joseph Vilsmaier, que acaba de caer en mi mesa de trabajo y que, créanme, tiene más capas que una milanesa del domingo.

Una novela de 1945 que esperó casi cincuenta años para llegar al cine

La base literaria existe y es anterior a la propia división de Alemania. Theodor Plievier publicó su novela en 1945, cuando todavía caían las últimas bombas sobre Europa, y sin embargo hubo que esperar hasta 1993 para que Vilsmaier se animara con la adaptación. ¿Por qué tanto tiempo? Porque contar Stalingrado sin caer en el panfleto o en la postal heroica no es tarea sencilla. El director lo sabía y por eso apostó por un presupuesto de veinte millones de marcos alemanes, unos catorce millones de dólares de la época, una cifra considerable para el cine europeo de los noventa.

  • 12.000 extras movilizados para las secuencias de combate.
  • Rodaje en Finlandia con temperaturas de hasta 30 grados bajo cero.
  • Veteranos de guerra amputados contratados para reforzar el realismo visual.
  • Cinco meses de filmación repartidos entre varios países europeos.
  • Reconstrucción total de la ciudad porque Stalingrado ya no tenía edificaciones de la época.
“Para las tropas alemanas, la toma de Stalingrado era considerada por Adolf Hitler una necesidad psicológica urgente, según recogió Joseph Goebbels en su diario, dado el valor simbólico de la ciudad para el régimen soviético.”Joseph Goebbels, diarios personales

Lo más curioso, y esto me lo señaló un amigo que es fanático del género, es que ninguna escena se filmó en la ciudad real. La destrucción fue tan absoluta durante la batalla que cuando terminó la guerra no quedaba una sola pared en pie de la Stalingrado original. La posguerra soviética la reconstruyó entera, pero con una fisonomía totalmente distinta. Así que Vilsmaier y su equipo tuvieron que levantar ellos mismos la ciudad que querían mostrar, igual que un abuelo que restaura una guitarra vieja en el patio de su casa: con paciencia, con mimo y con mucho respeto por lo que se quiere revivir.

Una recepción tibia en Alemania y un éxito sorpresa en España

Acá viene un dato que a mí, como periodista de cultura, me parece de manual. La película recaudó diez millones de dólares en Alemania, por debajo de lo que se esperaba, y en cambio en nuestro país, y también en España, encontró una recepción especialmente favorable, con ingresos equivalentes a 1,34 millones de euros en el mercado ibérico. Con el tiempo se ganó el lugar de clásico de culto del cine bélico europeo, aunque su proyección internacional quedó en parte eclipsada por el estreno posterior de Enemigo a las puertas, la producción franco-estadounidense de Jean-Jacques Annaud que también se zambulló en la batalla por la ciudad del Volga.

Si les quedó gustito a más, la película está disponible hoy en Amazon Prime Video, y les recomiendo verla con la calefacción puesta y un buen termo al lado. Y como siempre que cerramos esta columna, los espero en la peña del fin de semana para seguir sacándole la vuelta a la historia grande desde las historias chicas. Mientras tanto, cuéntenme: ¿qué otra batalla de la Segunda Guerra Mundial les gustaría ver reconstruida con este nivel de obsesión por el detalle? Yo ya tengo mi candidata, pero esa conversación la guardamos para el próximo café.

IS
Ignacio SayagoCultura y folclore

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