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Domingo, 18 de octubre de 2026
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El bajón del bombo: One Piece se toma un respiro largo y cambia la forma de pegar el grito

Toei Animation recortó la producción del anime a 26 episodios por año y dejó a los fans con la boca abierta: el arco de Elbaph bajó el telón el 27 de septiembre y el regreso no asoma hasta 2027, mientras en febrero llega a Netflix una remake de la saga inicial.

Por Ignacio SayagoCultura y folclore · · hace 1 h
El bajón del bombo: One Piece se toma un respiro largo y cambia la forma de pegar el grito

Acá estamos, sentados en el patio, con el mate de las seis de la tarde, y la noticia cae como un golpe de bombo legüero en medio de la ronda. El anime de One Piece, esa costumbre de cada domingo que teníamos los piratas de sillón, cambió las reglas de juego. Toei Animation, el estudio que durante veintitantos años le dio vida a Luffy y compañía, decidió meterle freno: a partir de ahora la serie va a sacar, como mucho, 26 episodios por año. Ni uno más. Es la primera vez en mucho tiempo que el ciclo semanal se rompe, y eso, para los que crecimos mirando a Zoro pelear con la espada, significa algo enorme.

El arco de Elbaph, que venía cargado de dioses nórdicos y gigantes peludos, cerró su transmisión el 27 de septiembre. Desde ese día, la pantalla se quedó en negro, y según lo que se sabe, no va a volver a encenderse hasta algún momento de 2027. Estamos hablando de una pausa de más de seis meses, un récord absoluto en la historia reciente del anime, que deja chicos los tres meses de espera que hubo entre el arco de Egghead y este último. Mi vecina Irma, fanática declarada de Nami, me decía ayer mientras regaba los malvones: "Yo ya no sé qué hacer los domingos a la noche". Y la entiendo perfecto.

Por qué Toei le puso el freno de mano

La decisión tiene que ver con dos cosas que a los que laburamos en este mundillo del folclore y la cultura nos suenan conocidas: calidad y timing. Los propios del estudio reconocieron, sin decirlo con estas palabras, que el ritmo semanal venía apretando los dientes. El arco de la Isla Gyojin fue el ejemplo más claro: relleno que estiraba escenas como bizcochos en la cocina de la abuela, peleas que se repetían cuadro a cuadro, y un humor de tortuga dormida. Los fans en las redes, que son bravos, lo venían señalando hace rato. La nueva metodología apunta directo a esos males: menos capítulos por año significa más horas de animación por capítulo, y eso, en la industria japonesa, es plata y tiempo.

Y hay otro motivo, más de fondo. La idea es que el anime no le pase por encima al manga. Eiichiro Oda, el dibujante, sigue publicando su historia semana a semana en la revista Shonen Jump, y si el dibujo animado corre más rápido que el papel, se queda sin material para adaptar. Toei prefiere esperar, y que el público espere con ella, antes que comerse el final antes de que exista.

La espera se llena con una remake que ya asoma

Para los que no aguantan seis meses sin ver a Luffy estirar el brazo, hay un consuelo que ya tiene fecha. En febrero, el estudio Wit, que es un copado de la animación y ya se lució con cosas como Attack on Titan, va a estrenar en Netflix The One Piece, una remake de la saga del East Blue con criterio estético propio, dibujo nuevo y un pulso más cercano al tono del manga. Es la cuarta vez que esa primera etapa de la historia se lleva a la pantalla, y eso, lejos de ser un defecto, habla de la potencia cultural del material original de Oda.

A mí, que tengo 47 años y vi esta serie cuando todavía se miraba en VHS prestados por el primo de Córdoba, me toca de un lado medio nostálgico y del otro medio razonable. Entiendo la lógica de Toei: el anime japonés de los últimos tiempos, Jujutsu Kaisen, Demon Slayer, las nuevas camadas, va por temporadas cortas con producción de cine. One Piece, que se emitió sin pausa desde 1999, estaba quedando como un Ford Falcon en una ruta llena de autos modernos. Pero también digo, con el corazón abierto como en la peña del viernes, que el ritmo semanal, con sus defectos y sus rellenos, era parte del ritual. Era juntarse con los pibes del barrio, el Carlos y el Miguel, a ver cómo salía el capítulo, a discutir si el Gear 5 era tan fuerte como parecía. Eso, hoy, se corta.

Queda, eso sí, la invitación de siempre. Los que quieran seguir masticando este tema, los que quieran pelearse amistosamente sobre si el anime debe pausar o no, están invitados a sumarse a la peña del fin de semana. Ahí, con un buen asado y un par de cervezas, vamos a terminar de charlar este bajón del bombo, mientras esperamos que en 2027 vuelva a sonar el redoblante.

IS
Ignacio SayagoCultura y folclore

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