Cayo de tres islas: un territorio de 264 kilómetros cuadrados donde el Caribe combina finanzas offshore, buceo histórico y mantarrayas acostumbradas a la mano del hombre
Gran Caimán, Pequeño Caimán y Caimán Brac suman cerca de 60.000 habitantes de más de cien países, una capital con más de 600 bancos registrados y una colonia de mantarrayas que se acercaron a los barcos pesqueros en la década del ochenta y hoy reciben visitantes a centímetros de distancia.
Unas 76.000 hectáreas emergidas en el Caribe occidental —equivalentes a poco más de 260 kilómetros cuadrados— configuran el territorio británico de ultramar conocido como Islas Caimán, un archipiélago alargado formado por tres islas principales que desde el aire aparecen rodeadas por un mar que muta de color según la profundidad: tonalidades turquesa en la franja costera y azul intenso a medida que el lecho marino gana profundidad hacia el horizonte. La porción más extensa corresponde a Gran Caimán, mientras que Pequeño Caimán y Caimán Brac completan el conjunto con perfiles más bajos y paisajes de carácter silvestre.
¿Qué ofrecen las aguas que rodean al archipiélago?
La costa oeste de Gran Caimán, en el departamento —equivalente administrativo— del mismo nombre, alberga la Playa de Siete Millas, una franja de arena fina y agua tibia que mantiene temperaturas estables durante buena parte del año. En superficie, las opciones habituales incluyen snorkel y paddleboard. Bajo el agua, cada isla presenta un perfil diferenciado: Gran Caimán concentra arrecifes poco profundos y pecios históricos; Pequeño Caimán es famosa por los túneles y grietas que desembocan en el arrecife de Bloody Bay, considerado uno de los puntos de buceo más reconocidos del Caribe; y Caimán Brac conserva un buque de guerra hundido a pocos metros de la costa, rodeado por cardúmenes que convierten la inmersión en una sucesión de pasadas entre peces de gran tamaño.
¿Por qué las mantarrayas se acercan a los visitantes?
A pocos kilómetros de la costa, sobre un banco de arena somero, vive una colonia de mantarrayas atlánticas acostumbradas a la presencia humana desde hace más de cuatro décadas. El hábito se originó cuando los barcos pesqueros de la zona descartaban en ese punto los restos de sus capturas; los animales aprendieron a asociar el sonido de los motores con la disponibilidad de alimento y nunca abandonaron el lugar. Con el paso de los años, la actividad pesquera se reorientó hacia el turismo de observación y los tours trasladan hoy a los visitantes hasta el banco de arena, donde ejemplares de entre dos y cinco metros de envergadura nadan entre las personas, rozan a los bañistas y se dejan observar a centímetros de distancia. Los guías, según relatan los operadores locales, identifican a cada animal por marcas y patrones de pigmentación y los llaman por nombre.
¿Qué se sabe de la capital y de la historia del archipiélago?
George Town, ubicada en la costa oeste de Gran Caimán frente al mar Caribe, concentra la actividad comercial, los muelles donde atracan los cruceros y el Museo Nacional, una construcción pequeña frente al agua que repasa la historia del territorio. La capital oficia además como centro financiero del archipiélago: en sus registros figuran más de 600 firmas bancarias, lo que convierte a la jurisdicción en uno de los nodos offshore de mayor densidad del planeta. La población total del archipiélago supera las 60.000 personas, procedentes de más de cien países, lo que se traduce en una gastronomía de cocina mixta donde conviven arroces, guisos, pescados fritos y preparaciones con picante. Los domingos, la rutina local incluye un brunch extendido después de la misa en las pequeñas iglesias de las tres islas.
¿Qué dice la ley y qué pasa en el terreno?
El nombre original del archipiélago, según los registros históricos, fue Las Tortugas, impuesto por expedicionarios europeos alrededor de 1503 tras encontrar una cantidad significativa de esos reptiles en las costas. Hacia 1530, la cartografía derivó la denominación hacia la de los caimanes que habitaban las aguas circundantes, y así permaneció hasta la actualidad. En el terreno, la convivencia entre el turismo de naturaleza, la actividad financiera de George Town y los más de 1,8 millones de visitantes anuales que reciben las tres islas se sostiene sobre una economía donde el sector servicios aporta la mayor parte del producto bruto interno, sin que la legislación local haya establecido hasta ahora una veda específica para la interacción con las mantarrayas: la práctica se regula mediante códigos de conducta de los propios operadores, que prohíben perseguir o tocar a los animales y recomiendan mantener una distancia que, en los hechos, suele reducirse a centímetros.
