Robin Hood vuelve al polvo del camino: Andrew Garfield se mete en la Inglaterra de los campesinos rebeldes
La nueva película de Paul Greengrass, que llega a los cines el 30 de octubre, imagina el posible origen del arquero de Sherwood a partir de la Revuelta Campesina de 1381 y reabre un mito que el cine viene reinventando desde hace décadas.
El bombo de la película nueva todavía no sonó en la pantalla grande y ya se escuchó en las conversaciones de los que seguimos el oficio de contar historias. Me senté en el patio de casa, con el mate de las seis y el ruido de los pibes jugando a la pelota en la vereda, y me puse a pensar en esto que llega: Andrew Garfield, el mismo que conmovió a medio mundo con su paso por el Hombre Araña, se mete en la Inglaterra medieval de la mano de Paul Greengrass, el director que nos sacudió con "Capitán Phillips", para encabezar "The Uprising", un drama que promete reimaginar el origen de Robin Hood a partir de un episodio histórico real, la Revuelta Campesina de 1381.
Lo más jugoso del asunto es que la producción incorporó hace poco el subtítulo "The Rise of Robin Hood", lo que deja a las claras la intención de meter al arquero más famoso del bosque de Sherwood en medio de una rebelión de labradores hartos de los abusos de la Corona. La base es un hecho concreto: en 1381, miles de campesinos ingleses se alzaron contra el poder real, y Greengrass toma ese conflicto como punto de partida para construir una posible explicación del nacimiento del personaje, esa figura que la historia no documenta como un hombre solo sino como una suma de relatos sobre forajidos que la tradición oral fue moldeando durante siglos.
Un rodaje con varias pieles
El filme pasó por varios nombres antes de tomar forma. Primero fue "The Hood", con Benedict Cumberbatch sonando como parte del proyecto, y después "The Rage", en un período en el que Matthew McConaughey también estuvo asociado a la producción. Cuando pasó a llamarse "The Uprising", las referencias directas a Robin Hood parecían haberse quedado en el camino, hasta que el subtítulo "The Rise of Robin Hood" volvió a ponerlas en el centro de la escena a pocas semanas del estreno, previsto para el 30 de octubre.
Andrew Garfield asumiría así un rol que, según lo que se conoce hasta ahora, estaría vinculado a esa leyenda sin que el personaje lleve necesariamente ese nombre en pantalla. A su lado aparecen Jamie Bell, un actor que se crió en el cine desde chico y que conoce bien los papeles de época, y Stephen Dillane, un nombre de esos que cualquier abuelo del barrio recuerda de culebrones y películas inglesas con mayúsculas.
Un director que sabe apretar el acelerador
Greengrass tiene una marca registrada: convertir hechos reales en relatos de alta tensión, con cámara al hombro y un ritmo que no da respiro. La pregunta es cómo se las va a arreglar con un período que el cine comercial no suele transitar en estos términos. El tono que la producción parece buscar queda a mitad de camino entre la reconstrucción histórica y la leyenda: drama de época con la urgencia narrativa de un thriller, donde la rebelión de los de abajo y el nacimiento de un arquero justo pueden terminar siendo la misma historia.
- La versión clásica de Erro de Michael Curtiz y William Keighley, de 1938, con Erro Flynn como Robin y Errol Flynn como Rey Juan, que marcó a fuego la imagen del héroe en calzas verdes.
- La mirada oscura de Robin Hood, príncipe de los ladrones, de 1991, con Kevin Costner y Morgan Freeman, que bajó al mito del pedestal y lo mostró más humano y más roto.
- La reinvención tecnológica de Robin Hood, de 2018, con Taron Egerton y Jamie Foxx, que llevó al personaje a la cruzada y le dio un toque de blockbuster.
- La serie Robin Hood de la BBC, entre 2006 y 2009, con Jonas Armstrong, que acercó el relato a un público más joven con un héroe accesible y peleas de espadas a toda máquina.
Cada generación se cuenta a sí misma su propio Robin Hood, y por eso me parece tan interesante esta vuelta de Greengrass: en lugar de repetir la fiesta del bosque, se anima a meter el dedo en la llaga social de la Inglaterra medieval y a preguntarse de dónde sale un personaje que roba para repartir. Una de mis abuelas decía que los mitos no se mueren nunca, solo se mudan de ropa, y esta película parece dispuesta a ponerle al arquero una camisa de campesino rebelde. La apuesta es fuerte y el resultado habrá que verlo en la pantalla, pero la sola idea de repensar a Robin Hood desde el barro de la historia real ya justifica la entrada al cine.
