Neuquén entra en modo alerta y le pide a cada familia revisar hoy mismo su plan antes de la próxima tormenta
La provincia, saturada de agua después de años de sequía, difunde una guía concreta para prepararse frente a crecidas repentinas. El repaso por las recomendaciones de la secretaría de Emergencias y un llamado a no esperar a último momento.
Me encontré con el parte cuando todavía estaba secándome la lluvia de los zapatos, así que arranco por lo que vi: en Neuquén ya no se discute si va a llover, sino cuándo cae el diluvio. La secretaria de Emergencia y Gestión de Riesgo de la provincia, Luciana Ortiz Luna, salió a hablarle directo a la gente y a pedirle algo muy puntual: que cada familia haga ahora, en casa, lo que después no va a tener tiempo de hacer. Porque los suelos están al límite, los arroyos recuperaron los cauces que habían perdido durante décadas y las tormentas convectivas se arman en minutos, sin avisar.
El escenario cambió de manera radical en apenas unas semanas. Después de años de escasez, las lluvias recientes saturaron el terreno y el agua empezó a escurrir veloz hacia cauces que parecían olvidados. Sectores que hasta hace poco se veían seguros, de pronto, aparecen en la lista de zonas de riesgo. Y eso, aclaran desde el gobierno provincial, no es una exageración catastrofista sino la lectura técnica de lo que está pasando afuera.
Por qué una tormenta en otro lado puede complicarte el barrio
La funcionaria lo explicó con una imagen que vale la pena repetir: una precipitación intensa puede caer a kilómetros de tu casa y, sin embargo, terminar golpeando tu vereda. Una tormenta fuerte en la cabecera de una cuenca transforma un arroyo calmo en una corriente con fuerza suficiente para mover todo lo que encuentre a su paso. A eso se suma que estos fenómenos se forman muy rápido, descargan mucho agua en un área chica y suelen sorprender a la gente en mitad de la tarde, cuando todavía no oscureció.
“Un lugar puede atravesar el día sin inconvenientes y, de repente, sufrir anegamientos o crecidas. El agua no siempre cae donde genera el daño.”Luciana Ortiz Luna, secretaria de Emergencia y Gestión de Riesgo de Neuquén
La guía concreta para hacer hoy, antes de que llegue la emergencia
- Conocer con tiempo las vías de evacuación del barrio o de la localidad, sin necesidad de esperar a que suene una sirena o un alerta en el celular.
- Identificar de antemano a las personas del grupo familiar o del entorno cercano que pueden necesitar ayuda para trasladarse: pacientes con enfermedades crónicas, adultos mayores y vecinos con movilidad reducida.
- Armar un kit de emergencia con documentación personal, alimentos no perecederos, agua potable en reserva, linterna, radio a pila y todo lo necesario para hacer frente a un corte de luz prolongado.
- Reservar agua en cantidad porque las emergencias suelen afectar los sistemas de abastecimiento y nadie sabe cuánto puede durar el inconveniente.
- En localidades rurales o con accesos complicados, tener presente la posibilidad de quedar aislados durante un tiempo y ubicar con anticipación los puntos de encuentro y los centros de evacuación definidos por cada municipio.
- Revisar antiguos cauces fluviales que estuvieron inactivos durante la sequía y que ahora pueden volver a recibir grandes caudales de agua, una tarea que la Secretaría provincial ya está llevando adelante para mapear puntos críticos.
Hacerlo en frío, antes de que el agua te obligue a improvisar
La gran diferencia entre un sobresalto y una tragedia, me dijo una vez un bombero viejo de la zona, se juega en las horas que van antes de que llegue la crecida. Por eso la recomendación que más repiten desde la Secretaría de Emergencias es la menos vistosa: sentarse en la mesa, en cualquier noche tranquila, y conversar en familia qué se hace si el agua sube. Dónde se guardan los documentos, quién se lleva la medicación, a qué casa del familiar se va, qué mochila ya está lista con lo indispensable. Esa conversación, hecha sin apuro, es la que después salva minutos decisivos cuando el cielo se pone negro y empieza a correr el agua por la calle.
Yo lo resumo así, después de haberlo charlado con quienes conocen la provincia de memoria: la alerta por El Niño no es para asustarse, sino para ocuparse. Y ocuparse, en este caso, es algo tan concreto como revisar la mochila, mirar el mapa del barrio, llamar a la abuela para ver cómo se coordina la salida y, sobre todo, entender que el agua ya no respeta los lugares donde antes no llegaba. Como dijo Ortiz Luna, lo que parecía seguro puede dejar de serlo de un momento para el otro, y la mejor manera de evitarlo es tener la respuesta lista antes de que llegue la pregunta.
