"Linternas" se enciende en HBO Max con aire de western y pesquisa policial
La nueva serie del Universo DC deja la aventura sideral de lado y se planta en el corazón de Estados Unidos con dos Linternas Verdes muy distintas, un crimen que se complica y una estética que recuerda a los Coen y al policial clásico.
Tengo que confesar algo antes de arrancar: cuando me enteré de que "Linternas" iba a meterse en el universo DC con tono de western y de thriller policial, se me dibujó una sonrisa de oreja a oreja, de esas que uno se guarda para no parecer un nene cuando en el fondo lo sigue siendo. Y la serie, que acaba de desembarcar en HBO Max, no defrauda: arranca con el repique del bombo de la imaginación, como si en un patio del Midwest alguien estuviera avisando que esta historia se cuenta a la antigua, con dos jinetes verdes que no cabalgaban por el cosmos sino por la ruta, entre pueblos polvorientos y campos abiertos que parecen sacados de una postal de los años setenta.
El planteo es sencillo y a la vez jugoso: dos Linternas Verdes, John Stewart, un marine recién incorporado al cuerpo, y Hal Jordan, un veterano con peso propio dentro de la organización, se juntan para investigar un asesinato en el centro de Estados Unidos. Lo que parece un caso local se va hacia un misterio de mayor alcance, y la serie lo desplega episodio a episodio sin apurarse, dejando que el espectador se acomode en el ritmo lento del policial de toda la vida, ese que tenía mi abuelo cuando prendía la radio a la noche y escuchaba cómo el detective pensaba en voz alta mientras llovía afuera.
Dos Linternas, dos mundos
Aaron Pierre le pone el cuerpo y la mirada contenida a John Stewart, un tipo que todavía no terminó de entender qué significa llevar el anillo y que se mueve como pez fuera del agua en cada pueblo que pisa. Kyle Chandler, mientras tanto, compone a Hal Jordan como un hombre gastado por los años y las misiones, de esos que ya se bancaron varias guerras interestelares y que ahora transmiten, con apenas un gesto, que saben más de lo que dicen. La química entre ambos no es la de dos compañeros cómplices, sino la de dos colegas que se respetan y se bancan, con la distancia que da haber recorrido caminos muy distintos hasta cruzarse en el mismo destacamento.
Elenco que viene con pedigree
El reparto secundario completa el convite con oficio y sin estridencias. Kelly Macdonald se pone en la piel de la sheriff Kerry Kane, una jefa policial con cara de no haber dormido nunca del todo bien y con la espalda lista para aguantar el peso de un caso que le queda grande. Garret Dillahunt, por su parte, se carga al hombro a Will Macon, líder de una milicia de pueblo que se prepara para una posible invasión extraterrestre, un personaje que vive a medio camino entre la ley y el margen, siempre con la mecha corta. Y acá viene el dato que a mí, como cinéfilo de los que guardan libretas con películas, me hizo levantar las cejas: ambos, Macdonald y Dillahunt, habían coincidido en "No es país para viejos", la película que los Coen filmaron en 2007 y que se llevó el Oscar a la Mejor Película. En aquella, ella era la esposa del protagonista y él, un ayudante del sheriff; en "Linternas", los roles se dan vuelta: ella manda en la comisaría y él se mueve por fuera de la ley. La coincidencia no es decorativa, porque los dos proyectos comparten una misma mirada, esa estética cruda, de polvo y violencia contenida, que también respiran los westerns más sobrios.
Una estética que mira más al western que al cosmos
La producción deja claramente de lado el espectáculo visual de superproducción que uno asocia con el género de superhéroes y apuesta por una atmósfera más seca, más de thriller de investigación y de western contemporáneo, con planos abiertos de esos que muestran el horizonte, con una violencia que no necesita explayarse para sentirse presente, y con personajes cargando con pasados que pesan más que cualquier anillo mágico. La ciencia ficción y la mitología de Linterna Verde están, pero se filtran de a poco, sin gritarse. Ya hay un guiño a Batman dentro de la primera tanda de episodios, una señal discreta de que la serie se va a ir conectando, capítulo a capítulo, con el nuevo Universo DC que DC Studios viene armando. El showrunner Chris Mundy, además, dejó dicho que una eventual segunda temporada necesitaría condiciones específicas para salir adelante, y que la decisión última la manejan HBO Max y el estudio.
Una puerta de entrada amigable
Lo más interesante de "Linternas", para mí, es que no intenta copiar el modelo de película de acción estirada a lo largo de ocho capítulos, sino que se planta como una historia de investigación con pulso propio, con su tempo y sus silencios. Para el que está acostumbrado al policial, al noir o al misterio de pueblo chico con horizonte grande, el ingreso a la serie resulta mucho más amigable que en otros productos del universo de superhéroes. No hace falta haberse leído cien comics para meterse: alcanza con dejarse llevar por el caso, por los personajes y por esa música ambiental que parece sacada de un bajo bar de pueblo, donde siempre hay alguien contando una historia que nunca termina de cerrarse. Para mí, que vengo de noches de mate con mi abuela escuchando relatos de los pagos, esta serie tiene esa misma cadencia: la de una historia que se cuenta alrededor de una mesa, despacio, mientras afuera cantan los grillos.
Así que ya saben: si este finde se arma la peña en casa, después de las empanadas y antes de que arranque el baile, queda perfecto para proponerles a los amigos que le demos play a "Linternas" en HBO Max, y dejar que la pantalla se llene de polvo, de campos abiertos y de dos tipos con anillos verdes que, por una vez, se parecen más a los detectives de pueblo que a los héroes siderales que imaginábamos cuando éramos pibes.
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