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Las madrecitas de agua que viajan en una conservadora y le hacen frente al dengue

Un equipo de la Facultad de Agronomía de la UBA cría peces nativos capaces de comerse hasta cien larvas de mosquito por día y ya repartió más de veinte mil ejemplares en barrios, escuelas y organizaciones comunitarias para usarlos como aliados contra el Aedes aegypti.

Por Griselda VillavicencioSociedad y salud · 26 de agosto de 2026 · hace 1 h

A mí me avisó Daniela, una vecina del barrio de Floresta que milita en un centro de jubilados y que siempre está atenta a todo lo que pase en la comuna, que en la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires había algo que sonaba raro pero que funcionaba: estaban criando pececitos de agua dulce para enfrentar al dengue. La primera imagen que me armé era la de un acuario con cartelito y un parlante explicando de qué se trataba. Nada que ver. Lo que encontré cuando fui hasta el predio de la FAUBA, en el corazón de Parque Chas, fueron piletones, baldes, mangueras y un equipo de docentes y estudiantes que, con la lógica de quien trabaja en el campo, levantó un criadero de peces nativos con la idea de repartirlos gratis entre quienes los necesiten.

La movida arrancó en 2022 y desde entonces no paró de crecer. Se trata de un programa de control biológico del mosquito Aedes aegypti, el mismo que transmite dengue, zika y chikungunya, basado en dos especies autóctonas que cualquier chico de barrio conoce aunque no sepa el nombre científico: la Cnesterodon decemmaculatus y la Jenynsia lineata, conocidas popularmente como madrecitas de agua. Son peces chicos, miden apenas unos centímetros, y la gran ventaja es que se adaptan a lugares donde cualquier otro método se queda corto.

Cómo trabajan los peces en la pelea contra el mosquito

Según me explicó Alejandro López, licenciado en Ciencias Ambientales y responsable del proyecto, cada ejemplar adulto puede llegar a consumir hasta cien larvas de mosquito por día. No es una exageración: las madrecitas son comedoras natas de larvas y, como están acostumbradas a vivir en charcos, zanjas y reservorios chicos, les viene bárbaro cualquier pileta, bebedero de mascota, aljibe o tanque del fondo de una casa.

"Son peces de fácil manejo y bajos requerimientos, que naturalmente están acostumbrados a vivir en ambientes reducidos. No son difíciles de criar o transportar, y la Cátedra los entrega a demanda a la comunidad", me dijo López mientras señalaba los tanques de cría que la Cátedra de Acuicultura tiene montados dentro del campo experimental de Agronomía.

La iniciativa se sostiene con financiamiento del programa de extensión universitaria UBANEX y trabaja en articulación con la Cooperativa de Recicladores del Oeste (RUO), que se ocupa del reparto en territorio. Entre 2024 y 2025 ya distribuyeron más de veinte mil ejemplares entre vecinos, escuelas y organizaciones comunitarias, y la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires declaró la propuesta de interés ambiental.

  • Cnesterodon decemmaculatus y Jenynsia lineata, conocidas como madrecitas de agua.
  • Hasta cien larvas de mosquito consumidas por día por cada pez adulto.
  • Más de veinte mil peces entregados de forma gratuita desde 2024.
  • El programa funciona dentro del UBANEX, el sistema de extensión de la UBA.
  • Trabaja en red con la Cooperativa de Recicladores del Oeste (RUO).
  • El proyecto fue declarado de interés ambiental por la Ciudad de Buenos Aires.

Ana Paula Baldonedo, coordinadora del proyecto, me recibió con una paciencia enorme para que yo entendiera cómo funciona la logística. Los peces se crían en la Facultad, se cargan en conservadoras con agua y se llevan hasta el vecino que los pidió, sin costo y con una charla breve sobre cómo sembrarlos. "Las personas interesadas pueden solicitar los peces para sembrar en reservorios de agua de difícil vaciado o tratamiento químico", resumió Baldonedo, que es quien atiende buena parte de los mensajes que llegan al equipo.

Por qué esta herramienta no reemplaza, sino que suma

Desde el equipo aclaran algo que me parece clave: los peces no vienen a sustituir las medidas clásicas, como tirar agua acumulada, dar vuelta baldes o usar repelente, sino a complementarlas. En reservorios donde no se puede vaciar el agua, o donde el uso de larvicidas químicos se hace difícil, los pececidos se transforman en una solución de bajo costo, de largo plazo y, sobre todo, sustentable. Es, en criollo, un ejército silencioso que trabaja de día y de noche.

“Esta es una opción sustentable porque reduce las aplicaciones de sustancias químicas, tiene una eficiencia alta y de largo plazo, a un costo muy bajo.”Alejandro López, licenciado en Ciencias Ambientales y responsable del proyecto

El contexto le pone dramatismo al asunto. La temporada 2023-2024 dejó en la Argentina más de 580.000 casos confirmados de dengue y 419 fallecidos, la peor cifra de la historia, y todo indica que este año la circulación del virus llegó para quedarse durante más meses y en más regiones del país. Frente a ese escenario, los equipos de salud pública salen a buscar todas las herramientas disponibles, y la Universidad decidió poner sobre la mesa lo que mejor sabe hacer: investigar, criar y repartir conocimiento en estado puro, aunque ese conocimiento venga con aletas.

GV
Griselda VillavicencioSociedad y salud

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