La mochila que les deja Messi a los chicos: charla en casa con el capitán como excusa
La despedida del rosarino de la selección reabrió un libro de las Andrés que usa su figura para hablar de esfuerzo, familia y errores. Una guía para padres y madres que quieran convertir la emoción en conversación.
Me cruzo a Cristina, vecina de Boedo, llorando frente al televisor el día que Lionel Messi confirmó que dejaba la selección argentina. La abrazo, le pregunto qué le pasa y me dice, mientras se suena la nariz con un pañuelo de tela: “No es por él, eh. Es por los chicos. ¿Ahora con qué les explico que se puede caer y volver a levantarse?”. Le digo que justamente de eso se trata, y se lo cuento de paso a ella. Porque la pregunta que me hace Cristina, vecina de Boedo y madre de un nene de nueve que juega al fútbol en el club del barrio, es la misma que se están haciendo miles de familias argentinas estos días: qué se lleva un pibe de toda una carrera construida a fuerza de goles, de finales perdidas, de mundiales amargos y de uno finalmente ganado.
Yo llegué a este tema de la manera más rara: estaba ordenando la biblioteca de casa y me topé con un libro que había comprado hacía tiempo y nunca había abierto, “¡Messirve!”, de Verónica de Andrés y Florencia Andrés, editado por Ediciones B. Lo agarré, lo hojeé y me di cuenta de que las autoras ya habían hecho el trabajo que muchas madres y muchos padres están empezando a hacer ahora, a las apuradas, después del anuncio. Ellas se adelantaron: usaron la figura del capitán como hilo conductor para hablar de valores que se pueden aplicar todos los días, en la mesa familiar, en la escuela, en cualquier lado.
Talento no es lo mismo que disciplina
Uno de los ejes que las autoras rescatan es justamente la diferencia entre talento y disciplina. Y para eso recurren a una frase que el propio Messi dijo en algún momento de su carrera, una frase que a mí, se los confieso, me parece de las más útiles que escuché en mi vida para explicarles algo a los chicos: que ser “un éxito de la noche a la mañana” le llevó diecisiete años y ciento catorce días. Diecisiete años y ciento catorce días. Lo dijo sin dramatismo, casi como al pasar, como quien comenta que llovió toda la semana. Y ahí está condensado algo que a los pibes les cuesta entender: que los resultados visibles, los que se ven en la tele o en el teléfono, tienen una historia invisible detrás, hecha de entrenamientos aburridos, de días grises y de gente que te banca cuando nadie te mira.
“Los resultados visibles tienen historia invisible detrás, hecha de entrenamientos aburridos, de días grises y de gente que te banca cuando nadie te mira.”Griselda Villavicencio, Sociedad y salud
- La relación con el error: Messi no ganó siempre ni la rompió en todos los partidos. Las autoras proponen eso como punto de conversación familiar, porque la excelencia no es perfección sino la pregunta de cómo se mejora la próxima vez.
- El vínculo con la familia: el propio Messi mencionó a su mujer y a sus hijos como reguladores de su estado de ánimo, y describió a sus padres como quienes le inculcaron que “no todo da igual”. Una frase sencilla que sirve para arrancar una charla en casa.
- La cuestión del equipo: a lo largo de toda su carrera insistió en que sin sus compañeros no habría logrado nada. Para un chico que juega en grupo, ya sea en un deporte o en cualquier ámbito colectivo, esa idea tiene peso práctico.
Una despedida que abre una conversación
El libro de las Andrés, vale aclarar, no idealiza a Messi ni lo convierte en estatua. Toma lo concreto: cómo reaccionó frente a las críticas, cómo habla de su familia, cómo define el éxito. Verónica de Andrés y Florencia Andrés lo usaron como pretexto para que las familias pudieran charlar con sus hijos antes incluso de que llegara este momento, que muchas madres y muchos padres no querían que llegara nunca. Ahora que llegó, la pregunta que les queda a los adultos es más concreta y más urgente: ¿qué valor de los que demostró el capitán les parece más útil transmitirles a sus hijos? Yo, si me dejan, les robo la respuesta al propio Messi, que suele ser la más sencilla y la que mejor cae: no todo da igual, nada es de un día para el otro y sin los demás uno no llega a ningún lado. Tres ideas baratas, si se quiere, pero que a un pibe de nueve años, o de quince, o de treinta, le pueden cambiar la manera de mirar el resto del camino.
