La lectura como acto de rebeldía: cómo "Carrie" esconde un mapa de libros censurados
La nueva serie basada en la novela de Stephen King convierte a la biblioteca del colegio en el escenario donde la protagonista empieza a descubrir todo lo que su madre le tenía prohibido. Entre esos títulos aparece un guiño que conecta la tira con la próxima película de su propio director.
Lo primero que se escucha, antes de que aparezca Carrie en la pantalla, es ese repique del bombo legüero que ya suena a barrio, a patio de casa, a sobremesa de domingo. Es como si alguien golpeara el parche al fondo de la cocina mientras la pava empieza a silbar, y a mí, que vengo siguiendo estas historias desde que mi abuelo me llevaba a la librería de la esquina, me parece el mejor modo posible de entrar en una adaptación que toma los libros como bandera. La nueva serie de Carrie, la novela que Stephen King publicó en 1974 y que ya tuvo su célebre versión cinematográfica en 1976 con Sissy Spacek, llega ahora a la pantalla chica con Summer H. Howell como protagonista y Samantha Sloyan como esa madre, Margaret White, que mantiene a su hija encerrada en un mundo de rezos y prohibiciones. Lo interesante es que no estamos frente a una remake ni frente a una repetición calcada del film de Brian De Palma: la serie decide contar el crecimiento de Carrie a través de la literatura, y eso, créanme, cambia todo.
La frase de Peter Pan que nadie entiende
Hay una escena, en el primer día de Carrie en el instituto, que a mí me dejó mirándola dos veces porque tiene esa cosa entrañable que tienen los pibes cuando todavía no aprendieron a medir las consecuencias de lo que dicen. La chica se acerca a un grupo de compañeros y suelta, como quien prueba un hechizo nuevo, una línea que viene de "El pajarito blanco", el texto que J. M. Barrie -sí, el mismo autor que creó a Peter Pan- escribió en 1902: "¿Establecemos una nueva regla de vida a partir de esta noche: intentar siempre ser un poco más amables de lo necesario?". Nadie en el aula entiende a quién le está hablando ni de dónde sacó esa frase, y la escena funciona como un pequeño mapa del tesoro que la serie va desplegando episodio a episodio.
Cinco libros prohibidos como declaración de principios
El verdadero motor aparece en el segundo episodio, cuando el orientador del colegio, Peter Morton, interpretado por Tim Bagley, lleva a Carrie hasta la biblioteca del establecimiento. Mi vieja, que es de las que todavía hojea el diccionario por costumbre, siempre me dijo que la biblioteca de un colegio es el corazón verdadero de cualquier pasillo: la pompeía del saber. Y acá esa idea se toma casi literal, porque la chica se para frente al estante y elige, uno por uno, cinco títulos que tienen algo en común, y ese algo es lo que la serie quiere señalar con el dedo. La selección incluye: "El cuento de la criada" de Margaret Atwood, "Alguien voló sobre el nido del cuco" de Ken Kesey, "Sé por qué canta el pájaro enjaulado" de Maya Angelou, "Buscando a Alaska" de John Green y "Anoche en el Telegraph Club" de Malinda Lo. Todos ellos fueron objeto, en algún momento y en distintos distritos escolares de Estados Unidos, de intentos de censura por abordar temas como la sexualidad, el racismo, la libertad individual o el cuestionamiento de la autoridad. Exactamente el tipo de conversación que Margaret White procura mantener lejos de su hija. Por eso la escena tiene la fuerza de una declaración de principios: leer, en esta serie, es el primer acto de rebeldía.
“"¿Establecemos una nueva regla de vida a partir de esta noche: intentar siempre ser un poco más amables de lo necesario?"”El pajarito blanco, de J. M. Barrie
Lo hermoso de este juego es que no hace falta ser un erudito para darse cuenta. Cada uno de los títulos funciona como una puerta de entrada a un tema tabú dentro de la casa White: el cuerpo de la mujer visto como territorio de disputa, la locura como respuesta a un sistema que enloquece, el racismo como experiencia vivida, la búsqueda de un lugar en el mundo y el deseo lesbiano en un contexto histórico hostil. La serie no los explica uno por uno, y está bien que sea así, porque lo que importa es la sensación de que Carrie, por primera vez en su vida, está eligiendo qué quiere leer en lugar de que le digan qué tiene que leer.
El guiño oculto a "El Exorcista"
Y acá, amigos, aparece el detalle que a mí, como buen curioso de las series, me hizo pegar un grito en el sillón. Alrededor del minuto 31 del segundo episodio, en una toma rápida, casi de fondo, se ve a otra estudiante del colegio leyendo "El Exorcista", la novela que William Peter Blatty publicó en 1971 y que William Friedkin llevó al cine un par de años después. La elección no es decorativa ni arbitraria: el director de esta serie tiene en producción "El Exorcista: Mártires", una nueva entrega de la franquicia con Scarlett Johansson y Chiwetel Ejiofor, cuyo estreno en cines está previsto para marzo de 2027. Es como si el realizador hubiera dejado una estampita personal escondida entre las páginas de la biblioteca escolar, un saludo de complicidad para el espectador que sigue de cerca su filmografía. La serie acumula entonces dos capas: una interna, donde los libros definen el arco de crecimiento de Carrie, y una externa, donde asoman conexiones con otros títulos del género y con proyectos en curso del mismo equipo creativo.
Yo me quedé pensando en mi abuela, que era de las que decía, mientras acomodaba los almohadones del living, que un libro abierto en la mesa ratona era como una ventana abierta en la pared. Esa imagen vuelve a aparecer acá, traducida a lenguaje audiovisual, porque la serie toma la biblioteca del colegio como ese lugar donde se cuela el aire de afuera. Si todavía no vieron los primeros episodios, déjenme recomendarles esta vuelta por la pantalla chica: tiene el ritmo de las buenas historias de barrio, con personajes a los que uno termina saludando por la calle. Y ya saben, este fin de semana nos encontramos en la peña: prometo llevar alguno de los cinco títulos de la lista y discutirlos con el mate de por medio.
