Dólar digital para todos los días: la vida cotidiana de los argentinos con las stablecoins
Un ejecutivo global de una billetera cripto pasó por el país y describió un fenómeno que ya no distingue a los entendidos: la mayoría usa criptomonedas para ahorrar, cobrar y transferir, no para especular.
Llegué hasta la oficina donde me esperaba Alvin Kan con la misma sensación con la que uno se baja de la camioneta después de una jornada larga en el campo: con la certeza de que lo que me iban a contar iba a cambiar la manera en que venía mirando el paisaje. Kan es el director de Operaciones global de Bitget Wallet, una billetera cripto con presencia en la Argentina, y se sentó frente a mí con una afirmación que, en cualquier otro país, sonaría a exageración: la Argentina tiene una mayor proporción de usuarios de stablecoins que casi cualquier otro mercado del mundo. Y lo más interesante no es ese número en sí, sino el uso que esa gente le da a esa herramienta. Acá no se trata de apostar a la suba de una memecoin ni de abrir contratos perpetuos como si fueran carreras de caballo. Se trata, simple y liso, de ahorrar en dólares.
El propio Kan lo dijo sin rodeos cuando le pregunté qué conversas había tenido durante su visita: "Muy pocas personas hablan de negociación de contratos perpetuos o de memecoins; cada vez más gente habla de pagos, de ahorrar en dólares". Esa frase, que en una reunión en Singapur o en Dubái sería apenas una curiosidad, en Buenos Aires funciona como radiografía de una economía que aprendió a dolarizarse por canales paralelos desde hace décadas. El monte no vota, dice un refrán que se repite en el norte chaqueño, pero en las ciudades argentinas las stablecoins parecen estar votando todos los días: la gente entra a una aplicación, compra una moneda digital atada al dólar y la deja ahí, esperando que el peso no se la lleve puesta.
Un cambio de tendencia a nivel global que pega de lleno en la Argentina
Kan me contó que el mes pasado se cruzó un umbral que para él es bisagra: por primera vez en la historia de su compañía, la cantidad de usuarios que realizaron transacciones de pago superó a la de quienes operaron en los mercados de trading. Es decir, en el mundo entero, la gente ya usa más las criptomonedas para mover dinero que para apostarlo. En Asia, me dijo, el perfil dominante sigue siendo el del trader que mira velas y apila balances; en la Argentina, en cambio, el perfil dominante es el de la familia promedio que busca proteger los ahorros del mes. Esa diferencia no es un detalle: define qué productos se diseñan, qué comisiones se cobran y qué tipo de educación financiera hace falta difundir.
- Ahorro en dólares: la stablecoin funciona como un dólar digital dentro del teléfono, sin necesidad de comprar billetes ni esconderlos bajo el colchón.
- Cobro de trabajos remotos: freelancers y programadores argentinos reciben pagos del exterior directamente en su billetera, sin pasar por bancos ni por el cepo cambiario.
- Transferencias internacionales: enviar dinero a un familiar en otro país cuesta menos y llega en minutos, no en días.
- Recepción de remesas: los dólares llegan como stablecoin a la billetera personal, sin intermediarios que se queden con una tajada grande.
- Próximamente, rendimientos: la empresa prepara opciones para obtener intereses sobre los fondos guardados, sin moverlos a otra plataforma.
Entre esas próximas herramientas hay dos que vale la pena mirar con detenimiento. La primera es un producto pensado para freelancers y trabajadores remotos que cobran de clientes en el exterior: se trata de una cuenta bancaria virtual en Estados Unidos asociada a la billetera, de manera que cuando el empleador estadounidense hace una transferencia ACH como las de toda la vida, el dinero no termina en un banco local sino que se convierte automáticamente en stablecoin y llega directo a la billetera del trabajador argentino. Es, en la práctica, como tener una caja de ahorro en dólares pero en el celular y sin tener que pedir autorización a nadie. La segunda herramienta apunta a generar rendimiento sobre esos dólares digitales: la opción más conservadora promete alrededor del 3 por ciento anual sobre los fondos en stablecoin, con autocustodia, o sea sin necesidad de confiárselos a una plataforma centralizada.
“Las stablecoins tienen costos de transferencia menores y tiempos más cortos que el sistema bancario tradicional. Para cobros y pagos internacionales son una vía práctica.”Alvin Kan, COO global de Bitget Wallet
Mirando todo el cuadro, lo que aparece es un mapa que tiene poco que ver con la imagen del inversor cripto encerrado frente a tres pantallas buscando el próximo activo que multiplicar por diez. En la Argentina, la stablecoin es la versión digital de aquel sobre con dólares que el abuelo guardaba en el ropero, pero con una ventaja que el sobre no tenía: se mueve, paga, cobra y, en poco tiempo más, también va a rendir. El 3 por ciento anual que está por lanzarse puede sonar modesto comparado con las tasas que prometen las fintech, pero hay que recordar que ese rendimiento llega en moneda dura, no en pesos que se desinflan mientras uno duerme. El mes próximo, según me confirmaron, empieza a habilitarse esa función. Falta ver qué porcentaje del parque de usuarios que hoy solo atesora dólares se anima a dar el paso de activar el rendimiento. Lo que ya nadie discute es que, para una porción cada vez más grande de argentinos, las criptomonedas dejaron de ser un casino y se convirtieron en una herramienta de uso diario. Y eso, en un país con la historia cambiaria que tenemos, es casi una revolución silenciosa.
