Coudet se va de River con la calculadora rota y la dirigencia mirando para otro lado
El ciclo del Chacho terminó en los penales ante Independiente Santa Fe: 27 partidos, un arranque que ilusionó y un cierre que dejó más dudas que certezas. Mientras el club define interino, los hinchas ya piden a Ramón Díaz y la ilusión se desinfla.
El Chacho se fue de River como se van los técnicos que no supieron sostener el vértigo del arranque: con la calculadora rota y la sensación de que se perdió más de lo que se ganó. Veintisiete partidos alcanzó para que el ciclo pase de ilusión a expediente. Y la eliminación por penales ante Independiente Santa Fe, con Santos Borré estrellando su remate en el palo, fue la firma del final.
Empezó como un cuento lindo: seis victorias y un empate en las primeras presentaciones, con el Monumental ilusionado y los diarios llenándose de adjetivos. Pero el segundo semestre fue un declive anunciado. Cayeron en el Superclásico, perdieron la final del Apertura 3 a 2 contra Belgrano en Córdoba, se comieron la eliminación en los dieciseisavos de Copa Argentina contra Aldosivi y arrancaron el Clausura en el puesto 14 de la Zona B. Una caída libre con paracaídas pinchado.
El historial que la dirigencia no quiere mirar
Veintisiete partidos, cuatro empates y un número que duele: la inversión fuerte del club en el mercado de pases no se tradujo en resultados. (Pregunta de examen para la Comisión Directiva: ¿cuántos millones se gastaron para terminar afuera de todo antes de diciembre?) La Sudamericana era el salvavidas y también se hundió en la tanda. Cuando el palo le niega el gol a Borré, no es sólo la suerte: es el cierre lógico de un año que se fue desinflando como globo de cumpleaños.
Mientras se define el sucesor, la pelota la tiene la dirigencia, que mueve los hilos mientras la tribuna ya tiene candidato. Ramón Díaz suena en las mesas de los cafés de Nuñez y en los grupos de WhatsApp de los hinchas. No hay anuncio oficial, pero el nombre circula como un pedido que ya parece ruego. Y mientras tanto, el equipo se prepara con un interino que tiene la misión imposible de ordenar un plantel a la deriva.
- Un técnico que banque la presión del Monumental y no se esconda cuando las papas queman.
- Un esquema defensivo que no parezca un colador: las goleadas en contra fueron moneda corriente.
- Un líder dentro de la cancha que se haga cargo en los momentos bravos, no unonce que mire al banco.
- Un proyecto serio de inferiores: no se puede depender del mercado cada seis meses.
- Una dirigencia que rinda cuentas: la plata invertida este año no aparece por ningún lado en los resultados.
Yo, como Matías Salvatierra de Deportes, lo digo sin vueltas: este River necesita un técnico con carácter, no un sedante. Que le diga las cosas en la cara al presidente, que no se preste al juego de las preguntas de exposición y que arme un equipo de la boca para afuera. Mientras el Chacho agarra sus valijas, en Nuñez siguen pagando peajes caros por los mismos errores. La pregunta que todos nos hacemos es inevitable: ¿hasta cuándo? Y al próximo entrenador le deseo toda la suerte del mundo, aunque la suerte, en esta camiseta, suele venir sola.
