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Jueves, 22 de octubre de 2026
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Carillas dentales: las señales de alerta que aparecen cuando el sellado empieza a fallar

Un odontólogo consultado por este portal explicó cómo se manifiestan las filtraciones en los márgenes de las carillas, qué consecuencias pueden tener para el diente y cuándo conviene repararlas o pasar a una corona.

Por Griselda VillavicencioSociedad y salud · · hace 1 h
Carillas dentales: las señales de alerta que aparecen cuando el sellado empieza a fallar

A veces uno llega a la consulta con la sensación de que algo cambió en la boca y no termina de saber qué es. Puede ser una molestia leve al tomar algo frío, una pequeña mancha en el borde de una carilla o esa rareza que aparece cuando la lengua pasa por la zona y nota un escaloncito que antes no estaba. Yo, como paciente, aprendí con los años que esos detalles no conviene dejarlos pasar, porque detrás de lo que parece un tema estético puede haber un problema mucho más serio, y eso mismo es lo que me terminó trayendo hasta el consultorio del odontólogo Jigar Gandhi, un profesional especializado en odontología biológica que atiende en el centro porteño y que se tomó un rato largo para explicarme, con una paciencia que ya quisiera para mí, cómo se comporta una carilla cuando las cosas empiezan a andar mal.

La idea, me dijo Gandhi arrancando por lo básico, es que una carilla cubre la cara visible del diente, pero su verdadero trabajo depende de algo que el paciente casi nunca ve: el sellado en los márgenes, esa franja finísima donde el material de restauración se une con el esmalte o con la dentina. Esa unión, me aclaró, no es para siempre. El cemento de adhesión se va desgastando con el uso, como se desgasta con el tiempo el sellador de una bañera o el burletes de una ventana, y cuando pierde continuidad deja una puerta abierta a la humedad, a los restos de comida y, sobre todo, a las bacterias que ya viven en la boca.

Cómo se detecta una filtración sin sacar la carilla

Le pregunté entonces cómo se da cuenta un profesional de que esa frontera empezó a fallar, y Gandhi me describió un método que, según me explicó, permite revisar el estado de los bordes sin necesidad de retirar la restauración. Se trata de iluminar la zona con una luz clínica de alta potencia y observar con lupa si aparecen pequeñas bolsas, cambios de color o irregularidades en el material que une la carilla con el diente. La frase me la dijo mirándome a los ojos, como subrayando lo importante: "Si hay decoloración, el cemento se lavó", y agregó, ya en un tono más calmo, que esa situación requiere una reparación pronta para que el problema no avance.

Aproveché para sacarme una duda que me llevaba rato: si una carilla implica limar el diente, ¿queda algo vivo debajo? El odontólogo me respondió que la colocación normalmente modifica el esmalte y algo de la forma de la pieza, pero que no siempre hace falta una endodoncia, porque la dentina y parte del esmalte original siguen ahí, debajo del material. Eso significa, tradujo para mí en un lenguaje que pude entender sin pedirle que repitiera, que el diente conserva su vitalidad y que una filtración puede terminar afectando tejido vivo si no se trata a tiempo, algo que a mí, como alguien que cuida cada pieza como si fuera la última, me dejó pensando.

Qué se puede hacer cuando la filtración ya está instalada

  • Si el diente fue poco intervenido y la estructura remanente está sana, suele ser viable reemplazar la carilla por una nueva, cuidando especialmente el nuevo sellado de los márgenes.
  • Cuando la estructura que queda es insuficiente o presenta caries, fracturas o inflamación de encías, la alternativa más segura es una corona de cobertura total, que protege toda la pieza.
  • La decisión final se apoya en los estudios clínicos, en radiografías y en un examen visual detallado de la encía y del estado de los tejidos que rodean la restauración.

Antes de irme, le pedí un consejo para quien todavía está pensando en hacerse una carilla o directamente no se anima. Gandhi me dijo, con una honestidad que le agradezco, que siempre conviene evaluar primero las opciones menos invasivas cuando el caso lo permite, y me dejó una advertencia que me pareció importante traer a esta nota: cualquier intervención con instrumental rotatorio sobre esmalte sano genera microgrietas, un detalle que pocas veces se menciona en la consulta y que, según me dijo, vale la pena tener en cuenta antes de avanzar con cualquier tratamiento estético, por más sencillo que parezca. Yo me fui con la sensación de que una carilla no se termina en el momento en que la colocan, sino que empieza un cuidado de largo plazo, y de que prestar atención a esas señales chiquitas puede evitar un dolor de cabeza mucho más grande. Como me dijo Gandhi antes de despedirme, con esa serenidad que tienen los que saben de lo que hablan: "Si hay decoloración, el cemento se lavó", y a veces una sola frase alcanza para entender por qué hay que tomarse en serio lo que la boca intenta decirnos.

GV
Griselda VillavicencioSociedad y salud

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