Cáncer oral: cuando una lastimadura en la boca no se va y hay que tocar la puerta del consultorio
Una llaga que no cicatriza, una mancha que aparece sin golpe ni quemadura, un bulto que antes no estaba: el cuerpo muchas veces avisa, y la recomendación de la American Cancer Society, la Mayo Clinic y los CDC es la misma, consultar si el síntoma se prolonga más de dos semanas. La detección temprana sigue siendo la herramienta más eficaz contra un tumor que, en Argentina, se diagnostica tarde en la mayoría de los casos.
A María, que vive en el barrio de Floresta, se le había hecho un absolute a la altura de la mejilla derecha que no se le iba con nada. Primero pensó que había sido un mordisco mientras dormía, después creyó que era un tema de estrés, y cuando ya llevaban casi un mes yendo y viniendo la llaga, su dentista le dijo lo que nadie quiere escuchar: esto no es normal, hay que biopsiar. María me cuenta que la frase le cayó como un balde de agua fría, pero también que ese día, en definitiva, le terminó salvando la vida.
Las señales que el cuerpo pone sobre la mesa
- Úlceras o llagas en la boca que no cicatrizan en dos semanas o más.
- Manchas blancas (leucoplasia) o rojizas (eritroplasia) sobre encías, lengua, paladar o cara interna de las mejillas.
- Bultos o zonas engrosas en los labios, la lengua, el piso de la boca o las mejillas.
- Dificultad para masticar, tragar o mover la lengua y la mandíbula.
- Entumecimiento de la lengua o de otras zonas de la boca, dolor que no cede y sangrado sin causa aparente.
- Molestia persistente en un oído, sobre todo si va acompañada de alguno de los signos anteriores.
Como me lo explicó la doctora Laura Alonso, odontóloga y docente de la Facultad de Odontología de la Universidad de Buenos Aires, la clave está en aprender a mirarse la boca con un criterio temporal. Una afta común duele, molesta, y se va. Una lesión que persiste más de catorce días sin una causa clara, en cambio, ya dejó de ser un tema menor y merece como mínimo una consulta con un odontólogo o con un médico clínico. La profesional insiste en que no hay que asustarse antes de tiempo, pero tampoco hay que hacerse el distraído: el cáncer oral es una enfermedad que, detectada a tiempo, tiene tasas de supervivencia que quintuplican las del diagnóstico tardío.
El recorrido diagnóstico, según lo que describe la Mayo Clinic, empieza en el consultorio con un examen físico minucioso, en el que el profesional revisa y palpa cada zona de la boca y registra desde cuándo está presente la anomalía. Si algo llama la atención, se pasa a una biopsia, una extracción pequeña de tejido que después se analiza en el laboratorio para confirmar o descartar la presencia de células tumorales. Cuando el resultado es positivo, entran en juego la tomografía computada y la resonancia magnética, que sirven para ver si la enfermedad se quedó en la boca o si viajó hacia los ganglios del cuello y otras estructuras vecinas.
Los factores de riesgo que se pueden trabajar
El tabaco, en cualquiera de sus formas (cigarrillo, pipa, habano, mascado), y el alcohol son los dos grandes caballitos de batalla que mencionan los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos. Cuando ambos se cruzan en la misma persona, el riesgo se dispara: el Instituto Nacional del Cáncer de ese país estima que quienes fuman y beben en abundancia tienen entre cinco y catorce veces más probabilidades de desarrollar un tumor oral que quienes no tienen ninguno de los dos hábitos. A ese cóctel se suma el virus del papiloma humano, en especial la variante 16, asociada con un riesgo cerca de quince veces mayor de cáncer en la orofaringe, la zona que incluye la base de la lengua y las amígdalas. La buena noticia es que existe una vacuna contra el VPH, y los CDC recomiendan conversar con el médico de cabecera sobre el momento adecuado para aplicarla, sobre todo en adolescentes y jóvenes.
“Una lesión en la boca que no se va en dos semanas no es un capricho del cuerpo, es un pedido de ayuda. La consulta a tiempo puede parecer exagerada, pero es la diferencia entre un tratamiento sencillo y un problema mucho más serio.”Doctora Laura Alonso, odontóloga y docente de la UBA
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