Jueves, 27 de agosto de 2026
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Ahorrar antes de votar: la generación que arma su propio collar de cedears en el pueblo más chico de cualquier provincia

Dos plataformas de inversión acumulan casi nueve mil cuentas abiertas por menores de 13 a 17 años bajo la nueva normativa de la CNV. Eligieron ETFs, tecnológicas y hasta YPF, mientras más del 30 por ciento de los jóvenes del país ya figura en los registros de morosos por no pagar siquiera cuotas chicas.

Por Ramón LotoInterior y campo · 27 de agosto de 2026 · hace 59 min

Paré la camioneta a la orilla de la ruta, después de pasar el paraje y el pozo de agua que siempre nombro porque en esas cosas me crié, y me puse a leer los números que llegaron desde Buenos Aires con la misma atención con que uno mira el horizonte antes de que oscurezca: la generación que va a heredar este país no espera a ser grande para empezar a pensar en plata, y eso, aunque duela decirlo en este presente, es una de las pocas noticias razonables que tenemos para contarnos entre mate y mate. La Comisión Nacional de Valores habilitó desde 2024 que los agentes de bolsa abran subcuentas para chicos de entre 13 y 17 años, con la firma del representante legal y con un detalle que a mí me parece central: a los 18 la titularidad pasa al joven, o sea que el que opera es él, y no un padre firmando al pedo para sentirse moderno. En apenas un año y algo, dos plataformas líderes del mercado argentino, según el relevamiento que reconstruí para esta nota, acumulan cerca de nueve mil cuentas abiertas bajo esa modalidad, y la mayoría no está durmiendo la posición: en una de las firmas el 67 por ciento de las cuentas figura como activa, en la otra uno de cada dos menores realizó operaciones en el último trimestre, y el promedio etario de los inversores activos ronda los 16 años, esa edad en la que acá, en el interior profundo, muchos todavía están eligiendo a qué cuadro de fútbol hinchar y ya están eligiendo en qué instrumento diversificar sus primeros ahorros.

Cómo se reparte la plata chica entre los pibes que invierten

El instrumento más elegido no es la apuesta loca que uno podía imaginar cuando arranca a leer la nota con cierto prejuicio, sino el cedear del ETF que replica al SPY, o sea el SPY, ese papel que sigue al índice Standard and Poor's 500 de la bolsa de Nueva York y que permite, desde una pantalla en el pueblo más perdido de la pampa húmeda, ser dueño de una rebanada chiquita de las quinientas empresas más grandes del mundo. Detrás vienen las tecnológicas de siempre, las que un pibe de 16 años conoce aunque no haya salido nunca de su departamento en Mar del Plata o de su casa de adobe en algún paraje del norte: Amazon, Apple, Nvidia, Google, Microsoft y hasta MercadoLibre, la empresa del galponero Marcos Galperín que muchos de estos jóvenes defienden como propia porque la sintieron crecer en la misma pantalla donde ahora aprenden a invertir.

“El hecho de que su inversión principal sea el SPY nos indica que no están buscando la ganancia mágica, sino que entienden el concepto de diversificación y apuestan al ahorro de mediano y largo plazo.”Lorena Malatesta, vicepresidenta de Marketing en IOL Inversiones
  • Cedears del ETF SPY (índice Standard and Poor's 500): el más demandado por los menores de edad inversores.
  • Acciones tecnológicas internacionales: Amazon, Apple, Nvidia, Google y Microsoft, en ese orden de preferencia.
  • MercadoLibre: aparece siempre en el top de los elegidos por los pibes.
  • Acciones argentinas con presencia local: YPF lidera, seguida por Pampa Energía y BYMA (Bolsas y Mercados Argentinos).

La otra fila: los que llegan a los 18 con el veraz arrugado

Ahora bien, sería una deshonestidad intelectual de mi parte cerrar esta nota con fueguitos artificiales de optimismo porque la foto completa tiene una sombra que me golpea fuerte, y se la tengo que contar a los lectores tal cual la levanté del material de Junior Achievement Argentina y del informe de Equifax: cuatro de cada diez jóvenes argentinos no manejan conceptos básicos como presupuesto, ahorro o crédito, ni siquiera en su versión más elemental de planilla de calcetín o de anotador en la cocina de la abuela. El dato concreto duele: los nacidos entre 1995 y 2009 cumplen con sus deudas apenas en un 68,8 por ciento de los casos, lo que traducido al lenguaje llano significa que más de tres de cada diez están en algún registro de morosos, y no porque se hayan comido un préstamo inmobiliario que les explotó a los 22, sino por cuotas chicas, por montos que se olvidan, por deudas de servicios o de tarjeta que nadie se acuerda de pagar y que sin embargo le arruinan a uno el historial crediticio antes de que termine la juventud. El contraste con los nueve mil pibes que eligieron invertir es brutal: del mismo segmento etario, unos están armando un portafolio diversificado a los 16 y otros están perdiendo el primer crédito que les ofrecen en la vida antes de cumplir los 20, porque nadie les explicó nunca que una deuda de tres mil pesos olvidada es tan peligrosa como un préstamo de tres millones mal garantizado.

Educación financiera, la promesa que el sistema viene pateando desde 2010

Paula Spitaleri, de Balanz Academy, resume lo que desde el interior del país escucho repetir en cada cooperativa, en cada escuela agrotécnica, en cada Centro de Acceso Comunitario al que entro a refrescarme del calor: la idea de fondo de estas cuentas para menores es que cuando el chico o la chica llegue a la edad de acceder al crédito real, ya tenga incorporados los conceptos básicos y no dependa del impulso, del boca a boca o del cobre fácil que le ofrece el primer banco que le toca el timbre. La cita se me corta acá porque el material de base que me mandaron termina ahí, pero la reflexión la sigo escribiendo yo, sentado todavía al costado de la ruta con la ventanilla baja, mirando cómo un chico de campo de cualquier pueblo argentino puede hoy desde el celular abrir una subcuenta, comprar un cedear de Nvidia y al mismo tiempo no tener la menor idea de cuánto le queda de sueldo cada mes después de pagar el colectivo. Esa grieta, no la del ballotage ni la de la disputa política, sino la grieta financiera entre los que entienden cómo se mueve el SPY y los que no saben cómo se paga una factura de luz, es la que me parece más peligrosa y más silenciosa, y les confieso que cada vez que la mido me agarra una mezcla de bronca y de ternura que en este oficio de periodista del interior ya no escondo más. La promesa incumplida, ya que estamos y para no perder la costumbre, tiene fecha precisa: el Estado argentino viene prometiendo educación financiera obligatoria en las escuelas desde 2010, año que cae en la memoria porque también fue el del bicentenario y el de la resolución 156 que recomendaba incluir contenidos de economía doméstica en la secundaria; pasaron quince años, cuatro gobiernos de distinto signo y un índice de morosos jóvenes que sigue clavado arriba del 30 por ciento, y a mí se me acaba la paciencia mucho antes que el reloj del pueblo, así que mientras el Congreso no trate de una vez por todas el proyecto de ley que está cajoneado, lo más concreto que nos queda es este dato nuevo, casi conmovedor: nueve mil pibes argentinos, en su mayoría de 16 años, eligieron el camino inverso, el de aprender con plata propia antes de que la vida les dé la primera cachetada financiera.

RL
Ramón LotoInterior y campo

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